Soy Sol Silvestre, la autora de todos los textos de Mi ventana al mundo.

Supongo que debería empezar por contar cuándo nació este blog, que antes se llamaba “El huerto de Mercedes”… Por suerte, siento que muchos de aquellos frutos que planté entonces, florecieron y ahora necesité mudarme con huerto y todo a esta ventana. No sé en realidad en qué momento de mi vida entendí que era tiempo de darle más espacio a aquello que me mantiene inquieta todo el día, alerta a cualquier disparador que me permita crear una historia, jugar con una rima, soñar con una puesta teatral.  Porque me gusta ir de un género a otro. Y me APASIONA, así con mayúsculas, la literatura infantil. Leerla, creo que sobre todo. Y escribirla, porque no puedo imaginarme qué haría (permítame la expresión, Don Julio) con la cosquilla molesta del estómago que siento cuando me es imposible sentarme frente al teclado aunque sea una vez al día. Disfruto leer y necesito escribir, tan simple como eso.

Y ahora debería contar un poco de lo otro, de lo que no tiene que ver con mi esencia sino con mi formación, la que gracias a mis padres no se alejó de aquella. Soy Profesora y Licenciada en Letras (UBA). Desde 1997 hasta 2004 fui docente de Lengua y Literatura en el nivel secundario, me costó muchísimo tomar la decisión de renunciar al colegio: disfrutaba del trabajo en el aula y del intercambio con los adolescentes. Sin embargo, ahora miro hacia atrás y reconozco que el haber resignado la escuela me permitió crecer enormemente en lo profesional. Primero, porque volví a ser dueña de mi tiempo y pude sentarme a escribir. Segundo, porque el vértigo que me daba esta “cesantía” no me tuvo ni por un segundo quieta: toqué todas las puertas que pude. Y algunas se abrieron.

A la  UBA le debo muchas cosas. Mi formación, sobre todo. Y el privilegio de ser hoy docente allí. Desde 1999 coordino talleres de escritura en el CBC y desde el 2001 en la Facultad de Ciencias Sociales. Y sí, tengo la suerte de poder estar justo donde quiero: anclada en el proceso creativo, en la escritura, en la práctica más que en la teoría.
Aunque mi vida académica fue más allá de lo que quise, no sé bien por qué: he formado parte de distintos proyectos de investigación, publicado algunos artículos críticos, participado de algunos congresos en los que conocí linda gente. Todos privilegios que me llegaron sin buscarlos. Como el hecho de poder trabajar con un grupo de profesionales admirable, lo que me permite sentir que aprendo un poco más cada día. Ya lo ven, creo que siempre voy a estar en deuda con la UBA.

En Flacso obtuve mi Diploma Superior en Educación y Nuevas Tecnologías (2006) y me amigué con esta maravillosa herramienta de nuestra era, la que hoy me permite presentar mi ventanita al mundo.

En el año 2000 viajé a España para trabajar como docente de español para extranjeros en la Universidad Complutense de Madrid, donde me quedé por dos meses. La experiencia fue maravillosa y en el 2002 fundamos con Patricia nuestra querida escuela Alcala, un proyecto que hoy está dormitando por nuestras múltiples labores en otros ámbitos pero que nos dejó muchísimas satisfacciones, y amistades entrañables y duraderas.

Cada tanto participo en algún concurso literario y he tenido algunas satisfacciones por esto. Fui finalista del Hucha de Oro en 2004 y del de Mazarrón en 2007, ambos concursos en España, lo que significó que algunos de mis cuentos se publicaran en antologías colectivas por lo que me sentí doblemente premiada. Pero la alegría mayor llegó en el año 2011, cuando me otorgaron una Mención en el Premio Sigmar de Literatura Infantil: fue el primer reconocimiento a mi trabajo como autora de textos para niños ¡imagínense mi emoción!

Desde el 2007 estoy más cerca del mundo editorial. Entonces publiqué junto a una entrañable amiga (otra vez, Patri) dos manuales escolares en la Editorial Tinta Fresca. Seguimos trabajando juntas al año siguiente con un manual de español para extranjeros, Argentin@, manual de civilización que a principio de 2009  sacó la editorial madrileña Edelsa, donde también participamos poco después como colaboradoras autorales en otro proyecto ajeno: Jóven.es, de Ángeles Palomino. Entre medio colaboré (y sigo colaborando) con la editorial Puerto de Palos en las colecciones Cántaro, Hora de Lectura y Aldea Literaria.
Sobre el final del 2009 tuve, además, mi debut en Estación Mandioca, donde trabajo bastante regularmente desde entonces en la elaboración de materiales tanto de nivel primario como secundario.
El 2010 fue un año genial: mi primera novela para niños, Guerreros invisibles (una aventura microscópica) fue publicada por Noveduc, en la colección Comer sin riesgos para niños, para la cual preparo también el siguiente título, Cocina en peligro (una misión supersecreta). Casi inmediatamente después tuve una seguidilla de títulos en Beeme, que salieron uno detrás del otro: las hadas, los libros para el bebé y ahora la colección de Cirilos que están en su fase final. En  Artemisa  publiqué Martín Fierro, el gaucho  y ahora estoy trabajando en un proyecto lindísimo del que ya les contaré.

Un sueño cumplido fue sin duda la publicación de La manzana de Blancanieves (y otros cuentos enrimados), que salió en una una colección lindísima que me pone piel de gallina (soy fan de todos los autores que publicaron allí), todo en un contexto cálido y familiar, porque estar en Gran Aldea  es estar como en casa.

Y el 2012 arrancó con tutti: Lúdico ediciones publicó Puras mentiras y Héroes modernos engrosó la colección telaraña de Sigmar.
Como frutillita del postre, sigo disfrutando con los chicos en el taller literario infantil que coordino desde el 2008. Y sí, estoy en mi salsa.