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¿Recuerdan aquella historia

de la joven fugitiva

que ocultaba su hermosura

tras una piel deslucida

de risible criatura?

(¿Era un asno o una mula?)

La joven había escapado

del palacio de su padre

(¿alguien sabe las razones?)

y aunque fuera buena, amable

y brillante en sus labores,

todo el mundo se burlaba

de su incierta fealdad,

ignorando que debajo

de la piel había en verdad

una joven soberana

de indiscutible beldad Leer el resto de esta entrada »

Una carta le ha llegado

al famoso Ratón Perez,

y está el pobre preocupado

por el monto que requiere.

La da vuelta, la sacude,

la sostiene y la relee.

Y otra vez fija los ojos

en el sucio remitente.

La letra es bien redondita:

“el sastrecillo valiente”,

el sobre está pegoteado

con mermelada en el frente.

¿Cómo ha podido este niño

quedarse sin siete dientes,

de un golpe, sin anestesia,

de súbito y de repente?

Cuenta las siete monedas

el ratón celosamente.

Refunfuñando va a verlo

al satrecillo valiente

(Pido perdón y corrijo:

¡al sastrecillo sin dientes!)

Había una vez doce hermanas

que bailaban un montón

pero nadie descubría

en dónde estaba el salón…

Las zapatillas gastadas

delataban su afición,

y aunque todos sospechaban

y prestaban su atención

nunca nadie descubría

 el secreto, y la misión

de sorprender la diablura

quedaba sin solución… Leer el resto de esta entrada »

La historia de Zarzarrosa

es a medias de verdad:

Es cierto que un hada mala

se había querido vengar

por no haber sido invitada

al bautizo colosal,

y entonces lanzó el hechizo:

“hilando te morirás”.

Pero un hada, compasiva,

que venía por detrás

atenuara aquel destino:

“No morirá, dormirá”.

 Cuando todos preguntaran

cómo iba a despertar

la buen hada contestara:

“Algún príncipe vendrá

a besar sus rojos labios

para verla despertar”.

 

Y hasta aquí llega la historia

fiel a la realidad

pues la otra parte que cuentan

son chismes, ¿eh? ¡nada más!

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Me contaron que el flautista

a Hamelín ha regresado

y otra vez el rey tirano

sin la paga lo ha dejado.

 

Avisado el soberano

del poder del instrumento,

le ha confiscado la flauta

para evitar el intento

de hipnotizar a los niños

con el sonido del viento.

Pero el flautista, ingenioso,

usó un remedio moderno:

 

Todos los niños del reino

siguieron sin distracción

como zombies, y atontados

la encantadora atracción

que el flautista les mostrara

sin ninguna compasión.

 

Fue así como en este cuento

los chicos todos se fueron

embobados y  contentos

¡detrás de un televisor!

Si encontrara yo al chismoso

perverso que me ha contado

que en el fondo de mi estanque

hay un príncipe encantado,

 

del coscorrón que le diera

se quedaría atontado,

sin ganas de repetirme

un chisme tan infundado.

 

Pues resulta que era cierto

que una rana parlanchina

con soberbia majestuosa

allí mismo me diría

 

que una bruja había hechizado

su preciosa gallardía

y que un beso de mis labios

con su pena acabaría.

 

¡Cómo no! Y ahora resulta

que aquel beso me ha dejado

convertida en una rana,

con corona y sin reinado.

 

tortuga

Delfín

En el bosque hay una escuela

cuyo techo es todo pan,

las ventanas son de azúcar

y galletas lo demás.

Dicen que fue donada

con toda amabilidad

por dos hermanos que fueran

alumnos un tiempo atrás.

En la cocina hay un horno

(no sé si de leña o gas)

que se encuentra clausurado

por orden ministerial…

¿Será porque allí encerrada

─según cuentan por acá─

hay una bruja malvada

que espera para escapar?

¿O será que si prendieran

el horno se quedarán

sin techo, muro y ventanas

ni escuela para enseñar?

 

Érase una princesa
con extensa cabellera
que vivía en una torre
sin ascensor ni escalera.
La bruja que la cuidaba
usaba su larga trenza
para subir a la cima
y ver a la impar doncella.

—Rapónchigo —le decía—.
¡Suelta tu pelo, nena!
La joven, brava, aguantaba
el peso de la hechicera…

Pero, una vez, un buen mozo
príncipe que la viera
subiendo por el cabello
de la dama prisionera

quiso curiosear y entonces
(cuando la bruja se fuera)
subió veloz por la hebra
de pelo que lo asistiera.

Se vieron y enamoraron
y así tuvieron la idea
de escaparse a otro reinado
sin bruja que los agreda.

Pero el amor embobara
de pronto las dos cabezas,
y un tonto plan emprendió
la infortunada pareja.

Sostuvo el joven gallardo
por la trenza a la doncella
y no pensó que al bajarla
el pelo fuera con ella.

Cuando cayeron en cuenta
¡cuál fuera la pataleta!
El joven llora en el cielo.
La joven llora en la tierra.

Una queda protestando
(le molesta la melena).
Otro está refunfuñando
(ha perdido la escalera).

La ilustración del encabezado es de Luciana Carossia

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