You are currently browsing the category archive for the ‘poesía para niños’ category.

 

Me contaron que el flautista

a Hamelín ha regresado

y otra vez el rey tirano

sin la paga lo ha dejado.

 

Avisado el soberano

del poder del instrumento,

le ha confiscado la flauta

para evitar el intento

de hipnotizar a los niños

con el sonido del viento.

Pero el flautista, ingenioso,

usó un remedio moderno:

 

Todos los niños del reino

siguieron sin distracción

como zombies, y atontados

la encantadora atracción

que el flautista les mostrara

sin ninguna compasión.

 

Fue así como en este cuento

los chicos todos se fueron

embobados y  contentos

¡detrás de un televisor!

Si encontrara yo al chismoso

perverso que me ha contado

que en el fondo de mi estanque

hay un príncipe encantado,

 

del coscorrón que le diera

se quedaría atontado,

sin ganas de repetirme

un chisme tan infundado.

 

Pues resulta que era cierto

que una rana parlanchina

con soberbia majestuosa

allí mismo me diría

 

que una bruja había hechizado

su preciosa gallardía

y que un beso de mis labios

con su pena acabaría.

 

¡Cómo no! Y ahora resulta

que aquel beso me ha dejado

convertida en una rana,

con corona y sin reinado.

 

tortuga

Delfín

En el bosque hay una escuela

cuyo techo es todo pan,

las ventanas son de azúcar

y galletas lo demás.

Dicen que fue donada

con toda amabilidad

por dos hermanos que fueran

alumnos un tiempo atrás.

En la cocina hay un horno

(no sé si de leña o gas)

que se encuentra clausurado

por orden ministerial…

¿Será porque allí encerrada

─según cuentan por acá─

hay una bruja malvada

que espera para escapar?

¿O será que si prendieran

el horno se quedarán

sin techo, muro y ventanas

ni escuela para enseñar?

 

Érase una princesa
con extensa cabellera
que vivía en una torre
sin ascensor ni escalera.
La bruja que la cuidaba
usaba su larga trenza
para subir a la cima
y ver a la impar doncella.

—Rapónchigo —le decía—.
¡Suelta tu pelo, nena!
La joven, brava, aguantaba
el peso de la hechicera…

Pero, una vez, un buen mozo
príncipe que la viera
subiendo por el cabello
de la dama prisionera

quiso curiosear y entonces
(cuando la bruja se fuera)
subió veloz por la hebra
de pelo que lo asistiera.

Se vieron y enamoraron
y así tuvieron la idea
de escaparse a otro reinado
sin bruja que los agreda.

Pero el amor embobara
de pronto las dos cabezas,
y un tonto plan emprendió
la infortunada pareja.

Sostuvo el joven gallardo
por la trenza a la doncella
y no pensó que al bajarla
el pelo fuera con ella.

Cuando cayeron en cuenta
¡cuál fuera la pataleta!
El joven llora en el cielo.
La joven llora en la tierra.

Una queda protestando
(le molesta la melena).
Otro está refunfuñando
(ha perdido la escalera).

–¡Es el colmo de los males!–,

le decía a su mamá

la pobre Caperucita

que no deja de llorar.

¿Y ahora cuando alguien quiera

llamarla cómo lo hará?

¡Si ni ella sabe su nombre!,

¿cómo sabrán los demás?

–Yo soy para todo el mundo

Caperucita, nomás,

y saben que voy de rojo

pues rojo es todo el disfraz.

La pobre madre no sabe

de qué modo consolar

a la niña acongojada

por un error garrafal:

la célebre caperuza

que nunca deja de usar

nadó con la lavandina,

la que ha sabido matar

el rojo intenso del traje

que en rosa se quedará…

–Ay, mamita, qué tristeza–

la niña llorando está,

pues ha perdido en un tiempo

su traje y su identidad.

Me ha contado Pepe Grillo

que Pinocho se lamenta

desde el día que ha dejado

de ser niño de madera.

Jugó el viernes un partido

de fútbol en la azotea:

era justo al mediodía

y él estaba sin remera.

¿Se imaginan qué desastre?

¡Ni siquiera una visera!

Se quedó  todo ampollado

como raba en la aceitera.

Encima la muy taimada

de una abeja traicionera

lo picó justo debajo

de una oreja y se creyera

todo el mundo que Pinocho

¡pobre! andaba con paperas… Leer el resto de esta entrada »

 

Ya lo ven, por esa bruja

me ha quedado mala fama.

¡Justo a mí, que soy sabrosa,

rica en fibras, linda y sana!

 

¿No podía la ladina

usar una mandarina?

¿una uva, una ciruela,

una banana, una pera?

 

¿Por qué no tomó un limón,

que es una causa perdida?

¿o una fruta abrillantada,

que es un poco de mentira?

 

Ya lo sé: no le quedaban

más frutas en la cocina

¿Pero en el bosque no había

ni una verdulería?

 

 

Un poco para María Alicia Esain. Y mucho para la Alibruji de Navarro.

 

Su foto de perfil en el feisbuk

Su foto de perfil en el feisbuk

Me han contado de una bruja

que circula por Navarro

que anda un poco desconfiada

suspirando por su barrio.

 

Primero empezó dudando

de cualquier cosa con alas;

fueran ángeles, murciélagos

o pequeñísimas hadas. Leer el resto de esta entrada »

La ilustración del encabezado es de Luciana Carossia

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 86 seguidores

Protected by Copyscape Web Copyright Protection

Cuando me da por twittear…

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 86 seguidores

%d personas les gusta esto: