La leyenda del volcán

PERSONAJES DEL PRIMER ACTO:

KUMIRAY, una niña de unos diez años, de piel morena y rasgos indígenas.

JONATHAN, un niño de unos diez años, de piel blanca, cabello rubio y ojos celestes.

 

ESCENOGRAFÍA DEL PRIMER ACTO:

El interior de una cabaña. Debe haber una ventana muy grande que deje ver un precioso paisaje patagónico. Dentro de la habitación que se muestra al público, habrá una mesa como para cuatro personas, de madera, con sus sillas dispuestas alrededor. En una esquina deberá verse un hogar encendido y hacia la derecha- cerca de la puerta de salida, que estará de este lado-un perchero de pie con al menos dos gabanes muy abrigados; sobre alguno de ellos, incluso, habrá algún vestigio de nieve y el piso deberá verse húmedo, como si la escarcha del abrigo se hubiera derretido allí mismo.  Con el escenario aún a media luz, deberán estar ubicados en la mesa (arrodillados en las sillas o en cualquier otra posición “informal”, tan propia de los pequeños)  Kumiray y Jonathan, inmóviles con la mirada fija en unos libros, hasta que el iluminador los enfoque, que será cuando comience la función.

 

 

Primer acto

 

            JONATHAN: Si sabía que ibas a ponerte tan testaruda, no aceptaba hacer este trabajo con vos, Kumiray.

            KUMIRAY: (visiblemente enfadada) ¡Huinca tenías que ser! Sos igual que todos, al final me tratás tan mal como los demás.

            JONATHAN: No te trato mal, Kumi…Pero podemos sacarnos un diez más grande que el Lanín[1] ¡vos sabés cómo le gusta a la señorita todo lo que tiene que ver con tu gente!

            KUMIRAY: ¡y vos sabés cómo me molesta a mí que ella esté todo el tiempo preguntándome cosas y poniendo cara de asombrada por todo! ¡No soy ningún Choique, como para que me ande mirando con los ojos así abiertos! (abre los ojos como si tuviera unos palillos en los párpados)

            JONATHAN: (levantando la mano derecha con los dedos hacia arriba, en gesto de interrogación) ¿Ningún qué?

            KUMIRAY: (fastidiada) Ningún Choique ¡ya te dije diez mil veces que a los choiques ustedes los llaman avestruz!

            JONATHAN: No, nunca me dijiste… Que el pangui es un guanaco, sí…

            KUMIRAY: ¡El Luán es un guanaco, Jonathán! Los panguis son los pumas.

            JONATHAN: (ofendido) ¡Vos a mí me decís Jonathán y no me enojo tanto, che! Ya te dije que es esdrújula (marcando especialmente la primera sílaba) Jó-na-than

            KUMIRAY: ¿vos sabés que che quiere decir gente en mapuche? Ustedes los huincas nos miran como bichos raros pero a cada rato utilizan palabras de nuestro idioma…  (haciendo una imitación, estirando el cuello y levantando levemente la nariz, como si se sintiera superior al resto de la gente): Che, yo soy un huinca y soy superior a vos… Che, ¿porqué no hablan español que es el idioma más hermoso y requeteprecioso del mundo y el único que llama las cosas como son?… Che, ¿qué cosa querrá decir “che”? ¡No lo encuentro en el diccionario de los huincas! (termina de decir esto, sacándole la lengua a Jonathan)

            JONATHAN: (queriendo “apaciguar las aguas” y sin darle importancia al gesto de su amiga) Bueno, dale, Kumirita….Volvamos a repasar la definición.

            KUMIRAY:  (lee en voz alta lo que está en el libro, después de dar un largo suspiro de resignación) Una leyenda es una narración, que aunque se cuenta como si sus hechos fueran verdaderos, está llena de elementos fantásticos e imaginativos.

            JONATHAN: ¿Viste? ¡Pongamos alguna de las historias que cuenta tu abuela Ipi! ¡si parecen de verdad!

            KUMIRAY: (levantándose de la silla, y yendo hacia el perchero, sumamente enojada) ¡Son verdaderas, Jonathán! ¡Son verdaderas! Y si no me podés creer mejor me voy a hacer el trabajo sola.

            JONATHAN: (tomándola del brazo y arrastrándola otra vez hasta la silla) ¡Esperá, Kumi, esperá! ¡No te pongas así! A ver contame: contame una leyenda que no tenga nada de fantástico y te creo…

            KUMIRAY: (soltándose de JONATHAN, y otra vez manoteando el abrigo) No conozco ninguna leyenda, ya te dije.

            JONATHAN: ¿Ah, no? ¿Y qué hay con el diluvio de la Caca filosa?

            KUMIRAY: (dejando otra vez el abrigo en su lugar y bajando la voz): Shhh…¿Querés que se despierte ese animal espantoso y nos deje otra vez bajo el agua? ya te expliqué que hay que tener cuidado con la Caicafilú, que es un monstruo espantoso…

            JONATHAN: (condescendiente) Sí, sí… mitad vaca y mitad..

            KUMIRAY: Mitad serpiente y mitad caballo, Jonathán ¡y deberías tomarlo más en serio! Si no fuera por la serpiente Trentrén, nada de esto existiría (señalando el paisaje que se ve a través de la ventana)

            JONATHAN:  (en son de burla) Tenés razón, si no fuera por ese gusano autobús- autobús… (Como nota que Kumiray no comprende el chiste, se lo explica) ¿ no dijiste tren-tren? Pensé que se lo podía llamar con cualquier otro medio de transporte: autobús- autob…

            KUMIRAY: (Interrumpiendo a su amigo) ¡Siempre el mismo tonto! ¡también los reche se rieron cuando apareció el coná profetizando el enojo de Caicafilú y así terminaron, convertidos en roca por imprudentes!

            JONATHAN: (en el piso, revolcándose de la risa)  ¡los reche! Claro, ¡y el coná! Y la caca filosa esa… ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¡Si estaba clarísimo!

            KUMIRAY (poniénose el abrigo y haciendo pucheros) ¡Sos un tonto, Jonathán! ¿O yo me río de las estupideces que hacen los huincas todo el tiempo, eh, que no cuidan nada de nada y andan talando árboles, tirando basura al Lacar[2] y cazando animales por deporte?

            JONATHAN ( entre culpable y ofendido) ¡No te pongas así, Kumi! ¡Vos sabés que yo no hago esas cosas, no somos todos los huincas iguales! ¡Yo quiero a la naturaleza! Lo que pasa es que a veces hablás tan raro vos (le va sacando una manga del abrigo mientras habla) ¿qué querés? ¡Si no te entiendo nada! Me hablás de los resche y de los conai y…

            KUMIRAY: (un poco más tranquila) ¡Es que vos no me escuchás! ¡ya te dije el otro día que los reche son los mapuches de la antigüedad, los que no se habían mezclado con los huincas… Y un coná es un mapuche joven y valiente: ¡Antes de que llegaran los huincas, un coná- o sea un chico muy valiente como vos- (JONATHAN sonríe complacido) predijo a todos los reches- a todos lo mapuches- que Caicafilú- el monstruo mitad serpiente y mitad caballo del que hablamos recién- provocaría un diluvio y casi nadie le creyó y al final casi se mueren todos por eso! ¿No viste las rocas con formas de animales al pie del cerro  Trentén? ¡Son animales de verdad, Jonathán, que la malvada Caicafilú convirtió en piedra cuando quisieron escapar!

            JONATHAN: Sí…Kumi, vi las rocas  (hace una pequeña pausa, como si se hubiera quedado pensando en algo) ¿te das cuenta de que nos sacaríamos un diez más grande que el Lanín si no fueras tan testaruda y me dejaras contarle esas historias tan bonitas a la seño?

            KUMIRAY: ¿te parece bonita? ¡Y eso porque no escuchaste la verdadera historia del volcán Lanín!

            JONATHAN: ¿del volcán Lanín? ¡Yo pensé  que era una montaña!

            KUMIRAY: No, señor, es un volcán y eso no tiene nada de leyenda es bien real. Lo que pasa es que hace muchos años que no se enciende, la misma cantidad de años que lleva cubriéndose de nieve, sin importar que sea invierno o verano.

            JONATHAN: Yo quiero escuchar esa historia, Kumiray (se arrodilla en el piso, cerca del hogar, arriba del gabán de KUMIRAY, que ahora le sirve de alfombra; habla en tono suplicante)

            KUMIRAY: (Parándose en el medio del escenario, de medio perfil, mirando al mismo tiempo hacia JONATHAN y hacia la “cuarta pared” que es el público) Hace muchísimos años, cuando los huincas todavía no habían llegado a la Patagonia (La luz cae sobre KUMIRAY y el resto queda a oscuras, de a poco va subiendo la música y la luz se va volviendo cada vez más tenue. Será así hasta que la música tape por completo la voz de Kumiray y el escenario quede completamente a oscuras) un grupo de coná salieron a cazar huemules y se dirigieron hacia la montaña…(TELÓN)

 

 

 

 

PERSONAJES DEL SEGUNDO ACTO:

Todos los personajes de este acto son mapuches por lo cual responderán a la fisonomía de esta tribu: cabellos largos, negros  y lacios (las mujeres lo llevarán trenzado y los hombres suelto); ojos oscuros o grises o verdosos; de una estatura mediana. Las mujeres andarán con sus husos (con volantes de piedra para hacerlos girar) al hombro, como es la costumbre en este pueblo y vestirán su clásico kepán (vestido recto hasta los tobillos, ceñido a la cintura con una faja). Los hombres llevarán su clásico chiripá (falda de cuero cuyos extremos pasan por la entrepierna, haciendo de pantalón). El cacique y las mujeres de su familia llevarán ricas joyas en prueba de su jerarquía. Y todos llevarán ponchos tejidos aunque los más vistosos deberán ser los de Huiaiquimil y sus mujeres.

 

Quechuan, joven apuesto y vigoroso.

Neculqueo, amigo de Quechuan.

Namuncura, amigo de Quechuan.

Huilefún, hija del cacique Huaiquimil

Cacique Huaiquimil

Karihua, madre de Huilefún

La machi, hechicera de la tribu.

 

 

ESCENOGRAFÍA DEL SEGUNDO ACTO:

Sobre la izquierda del escenario deberán verse algunas rucas (viviendas de los mapuches, con techos de paja y paredes de barro) a lo lejos: será la aldea de Huaiquimil. En el centro, el pie de una enorme montaña. La escenografía debe ser esplendorosa: a lo lejos un lago azul, árboles y pinos en distintas tonalidades de verde, cerros en colores cetrinos, ocres, terracotas. Debe iluminarse la escenografía antes de que los actores entren por la derecha del escenario.

 

 

Segundo acto

Escena 1

 

QUECHUAN: (entrando y ubicándose al pie de la montaña; lleva un carcaj en el hombro) ¿Dónde ha ido? ¡No puede estar muy lejos!

NECULQUEO: (siguiendo los pasos de QUECHUAN; también viene armado) ¿estará en la aldea? (con la vista y la mano puesta sobre su frente, en un intento por mirar hacia las rucas que se ven a lo lejos sobre la izquierda)

NAMUNCURÁ: ¡Los huemules no son tan tontos, Neculqueo! ¿Cómo piensas que pueden ir a meterse en nuestras rucas ¡si está huyendo!

QUECHUAN: Habrá subido a la montaña… (mira hacia la cima, bien arriba, parte que no está visible para el público)

NECULQUEO: (resignado y dando un suspiro de derrota) ¡Entonces lo perdimos! (suelta el carcaj)

QUECHUAN: ¡Nunca, Neculqueo! (levanta su carcaj y vuelve a colocarlo en el hombro de su amigo) ¡Vamos a subir!

NAMUNCURÁ: (temeroso) ¿A subir, Quechuán? ¿Qué es lo que dices? ¿Te has vuelto loco?

QUECHUÁN: ¡Loco estaría, Namuncurá, si dejara que un estúpido huemul me gane la carrera!

NAMUNCURÁ: Pero la montaña… Tú sabés que el Pillán se enfadaría si molestamos a los animales que pastorean por su tierras…

QUECHUÁN: (largando una carcajada) ¡Siempre el mismo temeroso, Namuncurá! ¿Tú crees que yo le tengo miedo a un alma en pena?

NECULQUEO: Yo creo que Namuncurá tiene razón, Quechuán. No es prudente que lo molestemos… Tú sabes que cada montaña tiene su Pillán…

QUECHUÁN: (sin dejarlo terminar de hablar) ¡que no es otra cosa que un muerto, Neculqueo! ¿Qué mal puede hacernos un muerto?

NECULQUEO: ¿Hacernos ser uno de los suyos?

NAMUNCURÁ: (llorando, arrodillado  a los pies de Quechuán) ¡No quiero morir!

QUECHUÁN: ¡Levántate, insensato! ¡No voy  a dejarme vencer por un huemul, y mucho menos por temor a un ser que ni siquiera sé si existe!

NECULQUEO: ¿Qué dices, Quechuán? ¿Cómo puedes poner en duda la existencia de un Pillán?

NAMUNCURÁ: (todavía llorando y a los pies de Quechuán) ¡Se ha vuelto loco!

QUECHUÁN: ¿Es que acaso ustedes han visto alguno?

NECULQUEO: Bueno, no, como ver…Como ver no he visto, claro. Pero la Machi…

QUECHUÁN: ¡La machi! ¡la vieja hechicera de la tribu! (Búrlandose, haciendo el gesto de estar echando algo al fuego): Pongo en mi hoguera maravillosa la pócima y mi Kultrún…¡Pum!¡Pum!¡Pum! (comienza a bailar, dando saltos en círculos) ¡canelo! ¡kila! ¡Chakai! (la danza se va volviendo cada vez más frenética y la representación termina en una estruendosa carcajada)

(APARECE HUEILEFUN EN ESCENA)

HUEILEFUN: (sin dejar de tejer en su telar que lleva al hombro) ¿Qué es lo que provoca tanta risa, muchachos?

NAMUNCURÁ: (levantándose, aliviado por ver a Hueilefún) ¡Es que Quechuán se ha vuelto completamente loco! (la toma del kepán, y la sacude exageradamente, su temor es demasiado hiperbólico) ¡Sálvanos, Huelefún, de este insensato! ¡No quiero morir! (vuelve a arrojarse al piso, y llora desconsoladamente, esta vez sobre los pies de HUEILEFÚN)

QUECHUÁN: (sin prestar atención a su amigo y con los ojos puestos sobre la joven, visiblemente extasiado) ¿Cómo no volverme completamente loco ante tu imagen divina, mi querida Hueilefún? ¡Debo decir que mi pobre amigo está en lo cierto, si tus ojos me miran me vuelvo vulnerable y desquiciado!

NAMUNCURÁ: (levantándose y dejando de llorar, anteponiéndose entre los enamorados) Bueno, sí, eso también… Pero yo quiero decir que está loco de verdad, Hueilefún, él quiere subir a la montaña por un estúpido huemul y no le importa la furia del Pillán…

NECULQUEO: ¡Y no cree en la Machi!

HUEILEFÚN: (sonriendo, y sin quitarle los ojos de encima a Quechuán) ¡Me complace tu valentía, Quechuán! ¿Qué no daría yo por la carne de un huemul en este día? Y si de verdad no tienes miedo…

QUECHUÁN: No tengo miedo, y mucho menos ahora con tu preciosa mirada atravesándome el cuerpo en dos ¿cómo no tener fuerzas, mi adorable Huilefun? ¡Soy capaz de cualquier cosa con tal de…! (haciendo una pausa, dándose cuenta del tiempo que está pasando) Un huemul te traeré de esa montaña, Huilefún… (arrastrando a sus amigos con él y desapareciendo por la izquierda, en OFF se escuchará el llanto de Namuncurá y el desgarrador grito de “¡No quiero morir!”

(TELÓN y música de cierre)

 

INTERVALO DE 10 MINUTOS

 

Escena 2

 

(La escena se ilumina y solo se la ve a Huilefún, está tejiendo y cantando)

 

HUILEFÚN: Me gustan las leyendas porque tienen

                       la magia de lo que es desconocido

                       porque siembran la duda y nunca sabes

                       si es cierto o es un cuento divertido

 

                        Me gustan las leyendas porque saben

                       como sabe la miel de la colmena,

                       es a un tiempo peligrosa y deleitable:

                       ¡no tenerla rotulada nos apena!

 

                        Es embrujo, es quimera y es creencia

                        es la fe, la esperanza y la sospecha

                        es recelo, titubeo y extrañeza…

 

                        Vamos, cuéntame ya presto una leyenda

                        ¡que hoy yo quiero creer lo que tú quieras!                      

 

 (Aparece por la izquierda, como viniendo de las rucas, Karihua)

KARIHUA: ¿Qué haces aquí sola, hija mía? ¡te eché en falta en la aldea!

HUILEFÚN: ¡Madre querida! (la abraza) Me he quedado esperando a Quechuán, que me ha prometido…

KARIHUA: ¡Cómo tienes al muchacho, Huilefún! ¡Te aprovechas de su amor! ¿Qué cosa le has pedido ahora? ¡No es prudente jugar con su pasión!

HUILEFÚN:  Al fin y al cabo, yo también lo quiero…

KARIHUA: Eres muy joven para pensar en ello. Más adelante, quizá, yo pueda hablar con tu padre…

HUILEFÚN: ¡Eres maravillosa, madre! (la abraza con exaltación)

(UNA EXPLOSIÓN SE SIENTE A LO LEJOS)

KARIHUA: (separándose de su hija) ¿Qué es eso? ¡Parece el grito de un Pillán!

HUILEFÚN: (haciéndose la desentendida) ¿Un Pillán? ¿Y por qué gritaría un Pillán?

KARIHUA: Por lo que se enfada un Pillán normalmente, alguien está molestando su descanso o amenazando la seguridad de sus tierras…

HUILEFÚN: ¿Alguien que, por casualidad, esté buscando algo para entregar a su amada?

KARIHUA: (dándose cuenta de la situación) ¿Qué es lo que has hecho, Huilefún? ¿Qué le has pedido al muchacho?

(Entran corriendo, con las ropas rasgadas y los rostros sucios de hollín, NECULQUEO, NAMUNCURÁ y QUECHUA, quien trae sobre el hombro un precioso huemul sin vida)

NECULQUEO: ¡Corran por sus vidas!

NAMUNCURÁ: ¡No quiero morir! (llora desesperadamente y se abraza a los pies de KARIHUA)

QUECHUÁ: Mi bella Huilefún (pone a sus pies el huemul) He pagado con mi vida esta ofrenda que te hago…

(UNA NUEVA EXPLOSIÓN, AHORA MUCHO MÁS CERCANA)

NECULQUEO: ¡Me temo que todos pagaremos con la vida ese maldito huemul!

KARIHUA: ¿Qué es lo que han hecho? (mira hacia la cima de la montaña) ¿Por qué el cielo se está volviendo rojo?

NAMUNCURÁ:  (sin dejar de llorar) ¡El Pillán ha encendido la furia del volcán!

KARIHUA (soltándose del abrazo sofocante de NAMUNCURÁ y dirigiéndose a NECULQUEO) ¡Ve pronto por la machi, Neculqueo! ¡Y tú, Quechuán, no te quedes ahí! ¡Busca al padre de Huilefún, Huinquimil, tu cacique y mi esposo! ¡Muévete, antes de que sea demasiado tarde!

(UN NUEVO ESTRUENDO, PELIGROSAMENTE CERCA. Salen Neculqueo y Quechuán )

NAMUNCURÁ: (otra vez con desesperación se arroja a los pies de Karihua) ¡No quiero morir!

KARIHUA: ¡Pues entonces levántate y compórtate como un Korá! ¡demuéstranos que eres valiente y vigoroso, Namuncurá!

NAMUNCURA: (se levanta, se limpia las lágrimas y saca pecho) ¡Es verdad! ¡Soy un korá! Nada puede darme miedo, soy capaz de derrumbar montañas y agotar los ríos, de enfrentarme a la fiera más temible: veo su pelaje esplendoroso, sí, y la rapidez con la que viene a atacarme (comienza a hacer la mímica como si tuviera a la fiera delante de los ojos, se pone en posición de ataque), sus garras son capaces de desgarrarme el corazón de un solo zarpazo, sus dientes pueden desangrarme en un instante, la escucho rugir y… (Otra vez el estruendo, mucho más cerca que antes. Namuncurá se sobresalta y se tira a los pies de Karihua, y grita con desesperación) ¡No quiero morir!

(Aparece la MACHI en escena, junto con Neculqueo)

MACHI: ¡No sé si me dará el tiempo para consultar a los ancestros! ¡Ya siento el calor del volcán encendiéndome las venas!

(Entran el cacique y QUECHUÁN)

HUAIQUIMIL: ¿Cómo han podido desafiar al Pillán del volcán Lanín? ¿Es que no saben respetar el descanso de los muertos?

MACHI: ¡no hay tiempo de lamentos y recriminaciones! Si ese huemul es la razón que ha encendido el alma del volcán ¡debemos devolverlo ahora!

QUECHUÁ: ¡Eso nunca! ¡A Huilefún se lo he prometido y ella se lo queda!

KARIHUA: ¡Insensato! Si no detenemos a tiempo el infierno que se dirige a la aldea ¡ni Huilefún, ni tú ni ninguno de nosotros, tendrá vida para disfrutar de ese huemul!

NAMUNCURÁ (siempre con desesperación) ¡No quiero morir!

MACHI: ¡Oh, Pillán de las alturas del Lanín,

                cuéntame al oído tu deseo

                para apagar la furia de tu fuego

                y dispensar la imprudencia juvenil!  

NAMUNCURÁ: (levantando el huemul por encima de su cabeza y mirando hacia la cima) ¡El huemul te entrego!

QUECHUÁ: ¡Sobre mi cadáver! (Se tira encima de Namuncurá, comienzan a pelear. Dura unos instantes la pelea hasta que el estruendo vuelve a escucharse)

MACHI: ¡Silencio! ¡El Pillán me habla! (Otra vez el estruendo, todos callan. La machi se arrodilla y apoya una oreja sobre la tierra, escucha. Otra vez el estruendo. Cierra los ojos, su rostro está verdaderamente conmovido. Se levanta y grita) ¡Se cumplirá tu deseo!

HUAIQUMIL: ¿Qué? ¡habla mujer! ¿Quiere al huemul?

MACHI: Lo querría vivo…

QUECHUÁN: Estoy dispuesto a cazar otro…

(Se ilumina de rojo el escenario)

HUAIQUIMIL: ¡No queda tiempo!

MACHI: Debemos entregar lo que nos pide…

HUAIQUIMIL: ¡¿ qué es, mujer? ¡Habla sin miedo!

MACHI: Una criatura más preciada que cualquier huemul de este planeta…

HUAIQUIMIL: ¡Habla ya! ¡Le daremos lo que sea!

MACHI (toma de las manos a Huilefún) ¡En ti está puesto el destino de la aldea!

QUECHUÁN: ¿Qué? ¡No irá Huilefún a entregar el tributo! ¡Eso corresponde a un korá y estoy dispuesto!

MACHI: (palmea el rostro del muchacho) ¡Pues entrégalo tú mismo, Quechuán! ¡Huilefún es el tributo!

(KARIHUA llora. HUAIQUIMIL la abraza. Quechuán se arrodilla frente a HUILEFÚN)

HUILEFÚN: (con admirable entereza, sin prestar atención a QUECHUÁN y dirigiéndose a sus padres) ¡Vamos, pronto, deben prepararme! (KARIHUA saca el cuchillo que tiene en la faja HUAIQUIMIL y se corta una trenza. Se la prende a Huilefún con un tupu[3] de plata.)

KARIHUA: ¡A partir de hoy estoy de luto y lloraré tu falta! Nada apagará la pena de mi alma, Huilefún, mi hija querida! (la abraza)

HUILEFÚN: ¡Seré la tierra, madre, besaré tus pasos, y ese será el consuelo de tu pena! (Vuelve a escucharse el estruendo, la luz roja invade el escenario y Huilefún se aleja, uno a uno, en pompa fúnebre, sigue sus pasos. Cuando el último actor sale de escena, cae el TELÓN)

 

 

PERSONAJES y ESCENOGRAFÍA DEL TERCER ACTO:

Idem ACTO 1, se agrega la abuela Ipi, que será la misma actriz que haya interpretado ala MACHI.

      

TERCER ACTO

 

La escena se ilumina y JONATHAN Y KUMERAY está en la misma posición en la que habían quedado en el acto 1,  él sentado sobre su gabán, mirándola extasiado y ella en el centro del escenario, de pie, sin darle la espalda al público ni a JONATHAN, de medio perfil)

KUMIRAY: Y así llegaron hasta la cima del volcán, pues la lava se iba abriendo a su paso… Huilefún besó en la frente a Quechuán y le dijo que se fuera; pero Quechuán no quiso: “Aquí muero contigo”, le dijo. Pero entonces un cóndor la levantó a la pobre Huilefún y la arrojó a las entrañas del volcán. Inmediatamente después, una tormenta de nieve cayó sobre la aldea. Tan brava fue, que Quechuán nunca regresó ¡quedó enterrado en la nieve! (Suena el timbre)

JONATHAN: (poniéndose de pie) ¡Es muy triste, Kumiray! ¿Ni Quechuán ni Huilefún se salvan? (abre la puerta de calle, que está a la derecha del escenario. Entra la abuela Ipi) ¡Abuela Ipi! ¡Qué bueno que vino usted!

KUMIRAY: (corre hacia su abuela) ¡Abuela! ¡Pensé que papá vendría a buscarme!

ABUELA IPI: Sí, pero tu madre me dijo que estaban haciendo un trabajo sobre las leyendas y pensé que yo podía ser de más  utilidad.

JONATHAN: ¿Viste, Kumi? ¡Hasta tu abuela dice que son leyendas esas historias que te cuenta! ¡Nos sacaremos un diez más grande que el Lanín!

ABUELA IPI: (sonriendo y tomando una silla de las que están dispuestas alrededor de la mesa) ¡leyendas! ¿Y quién sabe definir una leyenda? (da vuelta la silla y la pone enfrente de los chicos)

JONATHAN: (repitiendo de memoria la definición) Una leyenda es una narración, que aunque se cuenta como si sus hechos fueran verdaderos, está llena de elementos fantásticos e imaginativos.

ABUELA IPI: ¡No estoy muy de acuerdo con esa definición, Jonathán! Una leyenda es, en realidad, lo que debe ser leído. Y si debe ser leído es porque merece la pena y si merece la pena, ha de ser verdad.

KUMIRAY: ¿Viste, viste? ¡Yo te dije, yo te dije que…!(hace una pausa, pues se queda pensando en lo que dijo Ipi) ¿Entonces, abuela, la leyenda es algo que ocurrió de verdad?

ABUELA IPI: ¡Triste sería la historia de Huilefún y Quechuá si no fuera cierta! Pues cuenta la leyenda que desde aquel sacrificio que hizo Huilefún por su aldea, un manto blanco se extiende sobre el volcán Lanín, sin importar la estación del año! ¡Y es un bello final, en realidad, pues Quechuán y Huilefún son ahora la tierra y la nieve que nunca se separan de la cima! No solo sobrevivieron sino que perduran aún hoy ¡y ese es el consuelo! Si no creyéramos en eso, si pensáramos que es imposible una transformación como la que ellos vivieron: de mujer a tierra, de hombre a hielo, ¿qué consuelo tendríamos por la pérdida? ¿Qué consuelo habría tenido la pobre Karihua si hubiera pensado que su hija se había ido para siempre? ¡La leyenda tiene que ser verdadera! ¿qué sería de la vida sin la esperanza de lo maravilloso, mis niños? Puedes contar esta preciosa leyenda, Kumiray, y estar segura de que no ofendes a tus ancestros ¡ellos conocen la verdadera definición, no importa lo que digan en la escuela! (Se pone de pie, levanta el gabán de Kumiray del suelo y ayuda a su nieta a colocárselo) ¡Y ahora volvamos a casa antes de que nos sorprenda la noche, mi niña!

(Ambas besan a Jonathan y salen por la puerta. Jonathan mira a través de la ventana y saluda. Luego vuelve al centro de la escena)

JONATHAN: ¡Cómo me gusta escuchar hablar a la abuela de Kumiray! ¡Y eso que no le creo ni una palabra de lo que dice! Pero, bueno, también me hacen reír los payasos, aunque en la vida real, cuenta la gente, siempre están de malhumor. Como eso de la machi, que es la hechicera mapuche ¿quién puede creer que una persona puede hablar con los volcanes y los muertos, o adivinar los pensamientos de la gente o vaticinar el futuro? (Se ríe. Pero de pronto frunce el seño, como si acabara de darse cuenta de algo) Pero… (su expresión es de horror y maravilla al mismo tiempo) ¿Cómo supo la abuela Ipi que Kumiray me acababa de contar la Leyenda del Lanín? ¡Ni Kumiray ni yo se lo dijimos! (hace una pausa, su expresión lo dice todo: está maravillado) ¡No puede ser verdad! (Se comienza a escuchar, en off la misma canción que Huilefún cantó en el acto dos y uno a uno aparecen los personajes de la obra y se colocan en semicírculo alrededor de Jonathan que queda en medio de la escena; todos están cantando la canción. Después del último acorde, CAE EL TELÓN)

 

FIN DE LA OBRA

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