El día que nieve en Buenos Aires

A veces su mamá la exasperaba, Feli sabía en el fondo que no tenía malas intenciones y que obraba de buen corazón, pero era más fuerte que ella, casi la divertía estar siempre a la defensiva, haciendo algún comentario punzante o dándole un golpe bajo ¡su mamá era tan pesada! Ama de casa. Ella nunca se conformaría con ser ama de casa, nunca, no. Feli sabía desde los doce años que sería actriz y se pasaría las horas haciendo filmaciones super onerosas, dejando que sus hijos respiraran el aire de la libertad. No, no estaría detrás de ellos todo el tiempo: que si comieron, que si es tarde para leer porque mañana se madruga, que va a tocar el timbre de entrada en el colegio y ellos en veremos. Javi no opinaba igual. Era un enano maldito que siempre se ponía del lado de su mamá. Y Peter que acababa de dejarla. No era que Feli sintiera gran cosa por él, ¿pero quién era para tomar una decisión así? Dejarla a ella, a ella que era la capitana del equipo de voley del colegio, a ella que tenía el mejor promedio de la clase y le hacia perder la cabeza a cualquier chico. A cualquiera.

 ─-Me encontré con la mamá de Cami en el supermercado ─le dijo su madre con ese tono de sabelotodo que pone siempre─ . Me contó que no te estas entendiendo con tu amigo…Pedro.

─Qué raro vos metiéndote en lo que no te importa, mamá.

 ─¿Cómo no va a importarme mi hija? El día que tengas una me vas a entender, vas a ver… Un día es una nena que no se desprende de tus piernas y al siguiente ya no quiere verte ni en figuritas, como si fueras un trapo viejo e inservible…

 ─Terminala mamá, ¿querés? –y estiró el brazo hacia su hermano—Javi, pasame la sal que esto no tiene gusto a nada.

 ─¿Está feo, en serio? Puedo agregarle un caldito…

Y le habría sacado el plato de entre las manos si Felicitas no lo hubiera sostenido firme contra si: ─-Cortala, mamá, ¿por qué no comés lo tuyo y me dejás en paz?

Por un rato de la mesa no se escuchó más que el sonido de los tenedores pegando en los platos. Entonces su madre prendió la tele. Cómo le fastidiaba tener que oír el noticiero del mediodía. ─¿Será verdad? –preguntó la madre sin darse cuenta de que era la única que estaba escuchando a Santos Biasatti ─ ¿Es que irá a nevar en Buenos Aires?

 ─Si, claro ─bromeo Javier─ . Ya salgo a comprarme los skies. ─Cuando tu abuela era chica nevó, créase o no. Siempre lo contaba.

 ─La abuela divagaba, mamá. ─Y apenas terminó de decirlo, Felicitas se arrepintió.

─La abuela no nació con alzehimer, hija. No tenés ningún derecho a hablar así. ─Sus hijos le habrían visto los ojos anegados si no se hubiera levantado de la mesa a tiempo.

─Sos una enferma, nena ─le dijo Javier─ ¿Cuándo te vas a enterar de que nos sos la persona más importante del universo?

─El día que nieve en Buenos Aires…Tal vez ─-y se levantó con una sonrisa en la cara, dejando el plato sucio sobre la mesa. Desde la cocina se escuchó el portazo. Puso un Cd de Coldplay. Miro a través de la ventana de su cuarto los pasos apurados de la gente. Se había levantado un viento fenomenal que parecía haberse plantado justo al frente de su casa porque al pasar por allí los peatones aminoraban el paso y dejaban caer levemente la cabeza hacia atrás como si solo los pies tuvieran la fuerza necesaria para traspasar aquel gigantón invisible y poderoso. Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando comenzó a sonar Trouble, como si los dedos de Chris Martin no estuvieran acariciando el teclado sino a ella, a ella que estaba sufriendo por amor, porque el idiota de Peter había osado dejarla. A ella, justamente a ella que podía tener a cualquier chico del mundo si lo quisiera.

Estaba oscuro afuera aunque eran cerca de las diez de la mañana, y después de haber intentado vanamente adivinar su reflejo en el vidrio, se corrió dos pasos para ver caer justo a tiempo el lagrimón que se murió en la comisura izquierda de sus labios. Sonrió. Y enseguida, como avergonzada de aquel gesto que traicionaba su genuino dolor, la barbilla como desprendida del resto del cuerpo se convulsionó. Un largo suspiro terminó en congoja y otra vez volvió la vista hacia la calle. Vio a Camila, su mejor amiga, envuelta en la chalina tejida por su abuela. Feli no entendía cómo se animaba a usar esas cosas. Llevaba además un enorme camperón que apenas le permitía mover las piernas para caminar hasta su casa. La vio saludar a su mamá y traspasar la reja. Y entonces se concentró en la imagen mental que le generaba tanta angustia, en Peter diciéndole que la dejaba, que él la dejaba. Sintió el picaporte girar y se pasó rápidamente la palma sobre la mejilla. Nadie la vería llorar. Ni siquiera Camila.

 ─Hola, Feli. Dicen que en San Pedro está cayendo agua nieve ¿viste? ─puso la chalina sobre el escritorio y enganchó en ella el celular.

 ─Vos también con esa idiotez, Camila ─Y subió el volumen del equipo, como si así pudiera acallar los tontos comentarios de su amiga. ─No es una idiotez. ¿Vos sabés que en 1928 nevó acá? Es increíble, sí, pero si en 1928 nevó… ─Y Camila cada vez hablaba más fuerte para escucharse por encima de Coldplay.

─Son boludeces ¿Vamos al partido de rugby hoy? ─Camila no contestó y en cambio miró por la ventana. Así que Feli insistió ─ ¿Vamos?

 ─¿Para qué, Felicitas? Va a estar…Pedro.

─Sí, justamente.

─Si ni siquiera te gusta, Feli, ¿para qué seguís con esto?

─Porque ese idiota no me va a ganar a mí, por eso.

 ─¿Ganar a qué? ¿Por qué te tomás todo como un juego? Estás re encaprichada y no tiene sentido.

─No estoy encaprichada, Camila. Lo justo es justo.

─¿Qué es justo? ¿Qué te lo vuelvas a levantar y lo dejes vos?

─Algo así.

─O sea que todo se trata de venganza.

─No seas dramática, querés, todo se trata de hacer justicia. Eso.

 ─Si cuando él andaba atrás tuyo no le dabas ni bola, Feli…Bastó que se interesara un poco en mí para…

─Ay, Camila, no empecemos otra vez. Te hice un favor, es un idiota.

─A mí me gusta…me gustaba.

─Estás hablando de mi novio.

─Tu ex.

─¿Qué? ─se rió─¿me lo querés quitar?

─Yo no te quiero quitar a nadie, pero entendé que ya fue ¡Hay tantos chicos en el mundo!

─Vos no entendés lo que se siente cuando…

─No. Qué te voy a entender, nunca tuve a nadie que me diera bola. Bueno, si no cuento a Peter que…

─Basta, Camila, querés. No es mi culpa que todos se fijen en mí…

 ─Sí, pero fue como que lo hiciste a propósito, yo te hablaba todo el día de él y un día así de repente me desayunaste con la noticia…¿Sabés lo que sentí?

 ─Bueno, basta, ¿para qué hablamos de esto ahora? ¿Vamos a tener la misma discusión que hace seis meses?

─Lo que quiero que entiendas es que la vida no siempre es justa, pero bueno, hay que bancársela

Entonces Camila apoyó las dos palmas sobre la ventana:─¡Guau! ¿eso es granizo? Mmm…

─¿Es que todo el mundo está loco hoy? ¡El día que nieve en Buenos Aires…El día que nieve en Buenos Aires yo voy a aceptar que un idiota como Pedro me deje a mí por otra chica, fijate! ¿podés enfocarte en lo importante, Camila?

 ─¿Eso te dijo? ¿Qué hay otra chica?

─Una boludez así… que necesita alguien distinto, alguien que…no sé. Lo único que me quedó claro es eso de que nos tomemos un tiempo y que somos diferentes…Que quiere alguien más tranquilo que yo, eso dijo. ¡Cómo si yo no fuera tranquila! ¿qué le pasa?

 ─Bueno, es que estás siempre en la crema, Feli. Digamos que en el cole no pasás desapercibida.

 ─¿Y qué quiere, una mediocre?

─O más tímida, más callada…menos llamativa, no sé.

─¿Menos llamativa? Lo que me falta, que me deje por un bagayo.

 ─¿No ves que sos extremista, Feli? Hay un montón de chicas lindas que…

─¿De qué lado estás, Camila?

─Del tuyo, Feli. Pero quiero que entres en razón… Si estuvieras enamorada, bueno, pero…Feli, vos y yo estuvimos en lo de Juan y…

─¡Eso fue una transa, Camila! Yo estaba medio en pedo.

─Sí, pero lo traicionaste y…

─Si no se entera no es traición.

 ─-¡Pero no lo querés! Si lo quisieras, ni aunque estuvieras en pedo…

─¡Y vos qué sabés, si nunca saliste con nadie!

─Que no tenga tu suerte no quiere decir que no sienta cosas…

─No me hagas cargo de tus descuidos, Camila. Vos no sos fea piba, tenés que ponerte a hacer una dieta en serio. Si bajaras, no sé, por lo menos cinco kilos…Y dejaras de usar esa ropa…

 ─A mí me gusta mi ropa, y aunque no lo creas también me gusta mi cuerpo. No me extraña que Pedro se haya cansado de vos ¿sabés?

─Mirá ya tengo bastante como para que vos me agregues más quilombos, ¿porqué no te vas, Camila?

─Sí, ¿sabés que sí? Tal vez… ¿Sabés qué creo? Que vos nunca…Ni siquiera el día que nieve en Buenos Aires, como decís, vas a entender que no sos la mejor mina del mundo, Felicitas. Y te vas a quedar sola ─ Y agarró con tanta bronca la chalina que su celular voló hasta la cama sin que llegara a darse cuenta de eso.

El Cd había terminado hacia rato cuando Feli escuchó una melodía viniendo de alguna parte. Entonces vio el celular de Cami y lo abrió. Leyó el mensaje de Peter con lágrimas en los ojos: “¿Vas a venir? Te extraño”. Apenas había terminado de leerlo su mamá abrió súbitamente la puerta de su dormitorio y corrió hasta la ventana. Subió la persiana hasta el tope y gritó:

 ─¡Está nevando! ¡Está nevando en Buenos Aires, Felicitas! ─pero ella ya estaba tirada en la cama boca abajo, con la cara completamente inundada en la almohada. Su cuerpo daba saltitos, breves y constantes, como si las lágrimas rebotaran contra la cama y trataran de desprenderla de allí. Y se sintió tan chiquita. Tan chiquita.

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2 comentarios en “El día que nieve en Buenos Aires

  1. Hola, Cris, gracias por pasar por aquí y también por tu comentario. Creo que “El día que nieve en Buenos Aires” es un relato realista cuyos temas podrían ser el amor, la amistad y la adolescencia…Es, en fin, un relato para jóvenes.

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