Turandot (leyenda persa)

Un día murió el emperador y el jardín imperial se vistió de luto. Lloraron los sauces. Las flores de loto se inclinaron en señal de pena. Las rosas se deshojaron, desahuciadas.
En uno de los aposentos lloraba Turandot, la princesa. No encontraba consuelo. ¡Tan grande era su pena!
Pero fue distinto para Pupinkó. Había sido ministro del Gran Dragón Celeste, amado emperador, ¿Por cuánto tiempo? Y ahora…Ahora por fin…Ahora, siempre y cuando Turandot no se casara:
─¡Gobernaré hasta entonces, Turandot! Eres muy joven para tener esposo.
Pero los años pasaron. Y muchos traspasaron la muralla imperial. Cruzaron los jardines. Tocaron la puerta del palacio.
─Quiero casarme con ella ─dijo uno. Y otro. Y otro más.
Y entonces Pupinkó publicó un decreto: «Desposará a la princesa aquel que descifre un acertijo. Y el que no, morirá».
Y uno fracasó en aquella empresa. Y otro. Y otro más.
─¡Corten su cabeza! ─gritaba Pupinkó, casi riendo. Y todos en el pueblo se entristecieron con cada muerte. Y también Turandot.
Pero un día llegó Calaf. Con sus ojos oscuros. Y su cabello negro y sedoso. Y su porte regio. Y su nobleza. Y su astucia. Y su amor. Porque Calaf amaba a Turandot, más que a todo. Y ella lo vio en sus ojos. Y también lo amó.
«¿Qué animal es que te ataca solo por hambre o temor?, su lengua es muy venenosa; y aún más, su corazón».
Durante varios segundos el pueblo estuvo expectante. Y Calaf, callado. Los ojos de Turandot se desesperaron. Una señal, pidió secretamente. Una señal del cielo para salvarlo.
Y entonces una serpiente se arrastró desde el jardín. Subió las escalinatas. Enroscada en sí misma, elevó la cabeza y con un zumbido aterrador mostró su lengua venenosa.
─Sé la respuesta ─dijo Calaf, por fin─. Ataca por hambre de poder, y temor de perder el trono. Venenosa es su lengua que dictamina sentencias injustas. Y más su corazón, que jamás se apiada. El animal es Pupinkó.
El magistrado no pudo contradecirlo. La serpiente se fue sin atacar a nadie. No era venenoso su corazón, después de todo.
Al día siguiente Calaf y Turandot se casaron. Y Pupinkó…Nadie sabe muy bien qué fue de Pupinkó. Pero, la verdad, tampoco lo extrañan demasiado.

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2 comentarios en “Turandot (leyenda persa)

    • Hola, Eva. Sí, es lo que pasa con los textos de tradición oral: como no tienen autor definido y se transmiten de boca en boca (y en este caso, encima, adquieren diferentes formatos) cada versión es un mundo. Besos y gracias por comentar.

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