Notifíquese (¡Yo-ho-ho!)

Podcast piratería

Por medio de la presente, intimo a ustedes por mi propio derecho a que en el plazo de 48 horas se retracten públicamente por utilizar de modo indebido las palabras “pirata”, “piratear” y “piratería” conforme explicaré más abajo.

En mi carácter de auténtico bucanero, navegante usual del Mar Caribe y ocasional de otros océanos no menos importantes como el Índico o el Atlántico, me siento profundamente agraviado por sus dichos que ponen una sombra de duda sobre el honor de mi estirpe.

De este modo, y atento a los artículos 109 y 110 del Código Penal que me ampara, me reservo el derecho de iniciar acciones legales contra ustedes y procedo a explicar por qué razones el uso indebido de las palabras “pirata”, “piratear” y “piratearía” atenta contra mi buen nombre y el de mis ancestros.

PRIMERA,  un verdadero pirata es duro, fiero y amedrentador; y aunque puede tener cicatrices y costurones en el rostro, difícilmente sufra de acné como el 90% de los jóvenes (¡inexpertos filibusteros!) que persiguen ustedes: un verdadero pirata, señores, no asiste a la escuela ni estudia computación. Ni siquiera escucha música bajada de internet (¡Por las barbas de Neptuno, si supiéramos qué es eso!).

A un verdadero pirata, por otra parte, no le interesan los libros (busca cosas más útiles como catalejos, trabucos o pólvora), lo que además tiene sentido porque no sabe leer (razón por la cual los mapas del tesoro solo se marcan con cruces, y esta carta ha sido escrita por un asesor letrado).  No conoce las redes sociales, ni siquiera las de pesca (capturamos a lo macho, con arpones). No “descarga” nada gratis; solo arcabuces y cañones de seis. Y eso si el botín vale la pena: una zagala hermosa, un enorme galeón o alguna fruta (usualmente andamos hambreados).

Un verdadero pirata no busca boberías (¿tanto lío por la música, en serio?) y mucho menos “comparte” con los demás sus tesoros. Y lo más importante: siempre da la cara.  Si usa un nombre distinto no es para ocultar su identidad sino, todo lo contrario,  dar mejores señas sobre su persona. Así lo demuestra el caso de Le Clerc (“Pata de palo”),  el de los temibles hermanos turcos (“Los Barbarroja”) o el mío propio, que por enfrentar un calamar gigante (a ver si esos niñatos han visto alguno que no sea de videojuego) quedé desorejado.

Por lo que ¡ojo al parche, señores!: los piratas no somos usuarios sino usurpadores. No encriptamos información, desenterramos tesoros. No burlamos servidores con un click: reventamos ricachones con un boom. Y todas las imprecisiones que ustedes cometen al usar este término ─tan caro para nosotros─ nos calumnian, injurian nuestra historia y nuestra herencia. Nos hacen parecer inofensivos, simpáticos, inteligentes; cuando en verdad somos peligrosos, despreciables y patanes.

SEGUNDA, la acción de “piratear” requiere extrema crueldad, manos fuertes y corazón rudo. Piratear es emboscar, asaltar, robar, destrozar, aprisionar. Piratear es atacar, magullar, lesionar, asesinar.  Es por lo mismo infame, injurioso, inadmisible que el término se utilice para hacer referencia a delitos menores; a acciones vulgares, cotidianas, sencillas e inocentes. Piratear no es “subir”. No es “descargar”. Piratear ─¡Augh! ¿cómo se les ocurre?—no es de ningún modo “compartir”.

TERCERA, si siempre usaran la palabra “piratería” para referirse a un acto de alta criminalidad que debe ser severamente castigado por las autoridades locales, no nos enfadaríamos así (un poco, puede ser, pero no tanto). Nos gustan esos truhanes que roban información del Estado, desbaratan cuentas bancarias y echan al aire documentos oficiales que hacen sonrojar a los más poderosos.

El problema es que ustedes dan con gato de nueve colas al polizón y al bucanero con patente de corso.  Usan la misma palabra para referirse a la mojarrita y al pez gordo.  Y nosotros, que no somos solamente un pez gordo, que somos un tiburón blanco, un calamar gigante, un enorme cocodrilo, una venenosa scorpaena (¡todo junto!) nos irritamos sobremanera con su confusión.

Porque sepan que para “navegar” es necesario subirse a un barco, enfrentarse a violentísimas tormentas y  a bestiales criaturas que siempre están hambrientas y por lo mismo dispuestas a comerte un brazo o una pierna (o una oreja, lamento decir) ante cualquier descuido. Lo que ustedes llaman “navegar” es una afrenta que niega nuestra historia: frente al primer obstáculo, un verdadero pirata no puede apretar un botón y “reiniciar” su viaje y mucho menos cambiar de “navegador” para transitar aguas más tranquilas. Los mares no se “cargan” a su antojo ni cuenta con absurdos “buscadores” que hagan todo el trabajo.

Para nosotros, un mouse es un ratón (si estamos en territorio británico, claro; si no ni siquiera eso): un animalejo indefenso, un suculento plato en época de escasez, que solemos comer crudo o frito (depende de cuánta hambre tengamos). Para nosotros, URL es Un Robo Legendario. HTML, Hoy Tragaremos Muchísimos Licores. HTTP, Hasta Temibles Tiburones Pulvorizamos.

Nosotros decimos “multimedia” a un conjunto de calcetines; y “servidor” al prisionero que acabamos de atrapar. Y estamos cansados de que nos roben palabras como “puerto” y “bitácora”; ya es hora de que se busquen otras.

Y así, por todo lo expuesto, y bajo apercibimiento de iniciar las acciones legales que pudieran corresponderme, quedan ustedes debidamente notificados e intimados.

XXX

(Morgan.R., Desorejado)

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2 comentarios en “Notifíquese (¡Yo-ho-ho!)

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