Cambio de idea

6 de mayo:

Me enamoré. Se viste raro como todos los humanos pero me encantan sus rulos. Sobre todo cuando el viento los embarulla. Ligia dice que tiene ojos saltones, pero es mentira. Apenas puedo respirar de lo lindo que es.

7 de mayo:

Ligia no entiende qué le veo. Dice que es narigón. Eso es porque ella se cree todas las historias que cuentan sobre los humanos: que son temerarios, impiadosos, crueles y asesinos. Para mí, nada que ver: ¡los humanos son lindos! Y más si tienen rulos.

8 de mayo:

Se lo pasa leyendo. Sentado ahí, en la escollera. Me di cuenta porque de repente largó una carcajada.  Y al rato, frunció el ceño, preocupado. Sin dejar de mirar hacia abajo, enderezó la espalda. Cerró el puño. Se mordió los labios. Suspiró. Hizo un ruido raro con los dientes y enseguida después enarcó las cejas como si adentro del libro hubiera visto un tiburón tigre o algo así.

─Es obvio que está leyendo ─le dije a Ligia.

Y también le dije que deberíamos tener libros en el mar.

─¡Los libros se deshacen con el agua, tonta! ¡Vamos, si papá nos ve acá nos mata a las dos!

Ni pude despedirme de sus rulos, mi hermana me hundió con ella en la profundidad. 

9 de mayo:

Ojalá hubiera libros en el mar. Ojalá no tuviera que escribir en estas piedras. Si pudiera tener un libro, lo guardaría bajo un coral para que nadie lo viera. Lo llenaría de secretos. De secretos azules y nacarados. De secretos así:

Me enamoré. Es lindo y tiene rulos. Y es humano.

10 de mayo:

Creo que me vio. Dejó caer el libro y se paró de un salto. Yo me asusté y me metí de golpe en el océano. Estoy segura de que vio mi aleta. ¡Ligia me va a matar!

11 de mayo:

¡Se lama Hans! ¡Hans Christian No-se-qué! (los humanos tienen nombres muy largos).

Nos miramos durante cuatro aleteos de gaviota. Dejé de escuchar el mar, que iba y venía con la fuerza de siempre. Dejé de escuchar la espuma que golpeaba la escollera. Sentí un cosquilleo en medio de la panza: por un segundo pensé que me había tragado una anguila.

─Así que las sirenas también se ruborizan─ dijo él.

Huí como una cobarde. ¿Cómo me voy a meter así de golpe en el mar? ¿Qué va a pensar ahora, que me fui sin saludarlo?

12 de mayo:

¡Es escritor! Le conté que también escribo.

─Querría ver esas piedras alguna vez ─dijo él.

Asentí por cortesía, pero ni loca le muestro.

Tuvo una idea maravillosa: escribiremos un cuento juntos.

13 de mayo:

Empezamos. Él quería que el cuento fuera sobre las sirenas y yo,  sobre los hombres. Al final nos pusimos de acuerdo y será sobre un hombre y una sirena. ¡Es tan emocionante! ¿Estaremos escribiendo nuestra propia historia de amor?

14 de mayo:

No puedo creer que sea tan pánfilo. Le sugerí que fuera una historia de amor entre una joven sirena y un escritor. Él se rió. Dijo que no era creíble. Que mejor que el hombre fuera capitán, y que la sirena lo salvará de un naufragio.

En fin, ¡mientras terminen juntos…!

15 de mayo:

Ya me empieza a poner nerviosa. Primero salió con eso del capitán y ahora el hombre abre los ojos y en lugar de ver a la sirena, mira a otra mujer que pasaba por ahí ¡y se enamora!

Le dije que me parecía un poco exagerado decir que “se enamora”. Que después, cuando se enamore de verdad de la sirena…

No me dejó terminar:

─Ya se enamoró de verdad: ¿quién te dijo que iba a enamorarse de la sirena?

Otra vez me metí de un aletazo adentro, ¿qué se piensa?

16 de mayo:

Se dio cuenta de que su historia no tiene sentido. Conoce a una mujer, se enamora, se casan ¿y?…

─Tenés razón ─me dijo─: hay que agregar una complicación.

Un poco delirante todo, pero por lo menos la sirena vuelve a escena: una maléfica bruja le cambia la aleta por un par de piernas. El problema es que en la tierra firme está muda. Y que no puede dar ni un paso sin dolor. Ah, y un maleficio: si él se casa con otra, ella se muere.

Es un poco dramático, ya sé, pero él dice que hay que darle emoción.

¡Cómo si no hubiera suficiente emoción con esa mujer que se interpuso entre los dos! Espero que todo esto llegue a algún lado porque, mirándolo bien, mi hermana tiene razón: es un poco narigón.

17 de mayo:

¿Qué se piensa? Todo el sufrimiento para la pobre sirena: ¿y el capitán, qué? Pensé que la cosa empezaba a encaminarse con mi idea:

─¿Y si una de las hermanas sale a la superficie y le da un puñal?  Entonces la sirena puede matar al capitán y a su horrible mujer…

─No es horrible ─me interrumpió.

─Es horrible para la sirena ─continué yo─. Podemos hacer que matando al  capitán y a su horrible mujer se rompa el maleficio. Que por lo menos pueda  volver al mar. Sana y salva.

─No está mal ─me dijo. Pero igual cambió todo: la sirena se arrepiente, tira el puñal al mar y se muere. ¡Se muere!

Ligia tiene razón: los humanos son temerarios, impiadosos, crueles y asesinos. Y más, si tienen rulos. ¡Ni te digo cuando son escritores!

No sé qué le vi, la verdad. Ni que fuera tan lindo con esa nariz que tiene y los ojos saltones. Y esos rulos horribles, ¿no se los podría peinar de vez en cuando?

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