Detrás de los anteojos

 

Miércoles 25 de septiembre

Daily planet, Metrópolis

Señor director:

Le llamará la atención que yo, siendo reportero de Daily Planet, haya decidido escribir esta carta pública. Lo que pasa es que usted siempre me manda a cubrir alguna noticia sobre Superman, y yo tengo la impresión de que en estos casos  la gente se queda en la superficie del asunto ¿me entiende? No presta demasiada atención al cronista porque, claro, qué puede importar el cronista si el magnífico Superman consiguió parar un tren antes de que cayera por el precipicio. O arregló un dique que estuvo a punto de dejar anegada la ciudad. O nos salvó de una invasión alienígena.

Este muchacho es increíble, es cierto. Con el flequillito cayéndole sobre la frente y esos pectorales impresionantes, que Jimmy sabe capturar tan bien en sus fotos. Hasta en aquella que fue portada ¿se acuerda? El superhombre estaba sosteniendo un edificio de 83 pisos, pero igual tenía la ceja así medio levantada, y esa sonrisa de costado que tanto les gusta a las mujeres de nuestra ciudad. Estaba como si no tuviera quién sabe cuántas toneladas sobre su espalda ¿me entiende?

Y no crea que me molesta todo esto, no. Si yo contra Superman no tengo nada; al contrario. Lo que me molesta es que la misma gente que lo idolatra, ni siquiera lo mire bien. Porque yo ahora le digo todo esto, y le hablo del flequillito y de la ceja y de su media sonrisa, y seguro todo el mundo me da la razón.  No habrá ningún lector de esta carta que se atreva a decir lo contrario pero… ¿lo conocen? Quiero decir, ¿lo conocen en serio, más allá de su traje? ¿si anduviera vestido, digamos, con camisa y corbata? ¿si tuviera un trabajo ordinario como el mío? ¿si usara anteojos como yo?

Ah, sí, todo el mundo me dirá que por supuesto. Que pueden reconocer a Superman entre millones de personas porque Superman es único, genial e inigualable. Que no importa que sus pectorales estén bajo una camisa, ni que sus ojos estén escondidos detrás de un par de anteojos. Creame, todos los días lo discuto con Luisa (y usted, señor director, sabe mejor que yo lo testaruda que es, tantos años hace que es su reportera) pero no hay caso: ella está convencida de que ese rostro no lo ha visto en ningún otro lado. Que no se parece a nadie. Que nadie es como él y que yo estoy celoso. ¿Celoso de qué, de su flequillo? ¡Pero si yo tengo uno igual! Y puedo levantar la ceja así y poner esa media sonrisa. Pero no, ella insiste en que no tenemos nada que ver uno con el otro. Y yo le digo: pero la única diferencia es que yo uso anteojos. ¡Y hay que ver cómo se ríe ella!

Es que yo estoy empezando a sospechar, señor director, que aquí en Metrópolis son todos un poco ingenuos, ¿me entiende? Debe ser por eso que nos pasan tantas cosas, porque si no dígame cómo es posible que el pobre Superman no tenga un día de tranquilidad: cuando no nos ataca un mega-androide, viene un lunático a ponernos una bomba nuclear o no sé cómo nos convierten a todos en zombies. Fíjese, señor director, preste atención: ¿en qué ciudad pasan tantas cosas? Las más terribles y espeluznantes y todos los días. Y todos dicen: qué grande Superman y es el amigo de la ciudad, pero nadie, nadie en todo Metrópolis realmente lo conoce. Nadie, señor director.

El día que mi mamá llegó a casa con su primer par de anteojos, ni se me ocurrió pensar que era otra persona. Era mi mamá con anteojos, y nadie más. Por eso se me ocurre que antes de que yo llegara de Smallville algo realmente raro ocurrió de esta ciudad. Algo que volvió a todos ─con todo respeto, les digo─ un poco lelos o por lo menos un poco cortos de vista ¿no? Porque, de verdad…¿de verdad no le ven a Superman un aire parecido a nadie que conozcan? Tiene que haber en esta ciudad algún tipo bien parecido, con tremendos pectorales, aunque ande de traje y corbata y tenga un trabajo ordinario y use anteojos. ¿No se les ocurre nadie?

Clark Kent

Adjunto mi fotografía, porque evidentemente la necesitan.

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4 comentarios en “Detrás de los anteojos

  1. ¡ Qué profunda reflexión nos invitás a hacer con este cuento ! Seguramente hay muchos Superman ó mejor dicho muchos Clark Kent desparramados por el mundo. Sí, estoy segura que sí.

  2. Cada uno de nosostros no somos solo Superman, también somos los héroes del día a día, los magos que por arte de birlibirloque convierten lo triste en alegre, lo aburrido en divertido, lo imposible en posible. Solo así podemos subsistir. Menos mal.

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