Guerra contra zombies (2.0)

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Yo no sé cómo hacía mi papá en su época. A veces me lo cuenta y no puedo creerlo. Pelear contra los zombies desde el living de tu casa, haciendo de cuenta que están ahí aunque en realidad lo que tenés es una pantalla de televisor; mover una palanquita para pegar una patada, otra para disparar un arma y así. ¡Un aburrimiento! Como si uno pudiera imaginarse en serio tantas cosas.

Con la play 793 todo es más divertido. Porque vos te metés en serio  adentro del juego. Olvidate de tu tele; de tu living; de tu casa; de tu calle; de tu ciudad; de tu mundo, incluso. Vos te metés ahí, adentro de la pantalla y te enfrentás en serio a una legión de zombies. ¡Eso sí es un juego!

Llegás a la isla de Bonoi, con sus arenas blancas y su agua cristalina, te metés en el Royal Palm Resort y agarrate. Papá dice que en su época este juego ya existía, pero no podés comparar: ahora, si no le pegás a tiempo, el zombie te puede comer el cerebro en serio.  Pero tranquilo: cualquier amigo te rescata. Porque te morís en el mundo virtual, pero una vez que atravesás la pantalla ya no tenés heridas ni lesiones de ningún tipo. Eso sí: olvidate de volver a jugar, porque dentro de ese juego ya estás muerto y no hay vuelta atrás. La muerte no perdona, ni siquiera en el mundo virtual.

Por eso el día que mamá quiso probar no me negué. ¡Estaba tan seguro de que la iban a matar enseguida! Era obvio que apenas entráramos al hotel iba a empezar a juntar brazos, piernas y cabezas, porque mamá no soporta el desorden. Y en ese descuido, zas, cualquier zombie iba a aprovecharse y chau. Después la traería, como un héroe, de vuelta a casa y cada uno a lo suyo. Simple. Corto. Súper efectivo. ¿Qué podía salir mal?

¡Todo salió mal! Apenas salimos del ascensor un zombie se le subió a la espalda y ella empezó a girar como un lavarropas,  con tanta fuerza que del muerto-vivo empezaron a desprenderse, como proyectiles, las distintas partes de su cuerpo putrefacto: una pierna me noqueó.

Silencio. Negrura. Desesperación. Había una parte de mí que era consciente del peligro: mi mamá es buena jugando al voley, haciendo tortas de banana, bailando el rock, plegando figuritas de origami ¿pero matando zombies?

Cuando te noquean adentro del mundo virtual vos escuchás todo lo que pasa alrededor pero no podés moverte ni hacer nada. Ni siquiera podés ver, más allá de algunas luces y sombras que de verdad te ponen la piel de gallina, virtualmente hablando.

La cuestión es que primero se acercó una sombra y ayyyyy, el grito de mamá y un golpe. Después sentí unos pasos que se acercaban por la izquierda y quise gritar:

─¡Cuidado, mamá! ─Pero las palabras no me salían y siguió un nuevo golpe y un grito y una luz que me hizo pensar lo peor hasta que por fin me desperté en casa y ella me pudo contar:

─Y vos seguías ahí, desmayado. Y veo que vienen desde afuera tres…no, cuatro zombies. Arrastrando los pies, con las camisas rotas ¡tan desaliñados! Mirá, al de la izquierda me hubiera gustado acomodarle el cuello que lo tenía así, todo torcido. Y la chica ni te digo, era un espanto. Con la bikini rosa y muy bonita pero sin un brazo…

─Pero dale, mamá, contame cómo hiciste para sacarnos.

─¡Si te estoy contando! Con el remo le volé la cabeza al primero. Lo malo es que el remo se me partió, y entonces agarré una pierna que había por ahí  y rompí la ventana del hotel y salté, con vos a upa. Por atrás nos seguía uno medio grandote, con una máscara negra y una motosierra. No me preguntes cómo, pero de un manotazo se la saqué. Lo rebané como a un jamón crudo. Lo mismo al otro más alto, de bigotito. Y a la mujer gorda, y al chico sin nariz y sin orejas, y a la de vestido corto, y al que le faltaba el pie y a los zombies mellizos… ¡Tendrías que haberme visto! Cuando la cosa se calmó un poco, salté entre los cadáveres putrefactos y volví a la habitación del hotel. Abrí la puerta por donde habíamos entrado, y acá estamos. Sanos y salvos.

Y eso precisamente rescaté: nos trajo a los dos de vuelta, sanos y salvos. Aunque en algo mi papá tiene razón: en su época los juegos no eran tan peligrosos como ahora. Por lo menos no había posibilidad de que, en la vida real, tu mamá provocara una guerra mundial z. Pero hay que entenderla: ¿cómo iba a darse cuenta, justo cuando pasábamos de este lado de la pantalla, que la chica con bikini y sin un brazo también había venido con nosotros? Y claro, con la sangre que fue dejando en el piso, mamá se tuvo que poner a limpiar y ni tiempo tuvo de salir a correrla. Para cuando yo la vi ya había atacado a la vecina y al cartero y al chico de la otra cuadra y a mi maestra, que pasaba por la esquina. A esta altura la infección debe haber llegado al Japón.

Decí que mi mamá es una genia jugando al voley, haciendo tortas de banana, bailando el rock, plegando figuritas de origami, y también matando zombies, porque si no la vida sería bastante más complicada.

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