Fue la bruja Lavandina

–¡Es el colmo de los males!–,

le decía a su mamá

la pobre Caperucita

que no deja de llorar.

¿Y ahora cuando alguien quiera

llamarla cómo lo hará?

¡Si ni ella sabe su nombre!,

¿cómo sabrán los demás?

–Yo soy para todo el mundo

Caperucita, nomás,

y saben que voy de rojo

pues rojo es todo el disfraz.

La pobre madre no sabe

de qué modo consolar

a la niña acongojada

por un error garrafal:

la célebre caperuza

que nunca deja de usar

nadó con la lavandina,

la que ha sabido matar

el rojo intenso del traje

que en rosa se quedará…

–Ay, mamita, qué tristeza–

la niña llorando está,

pues ha perdido en un tiempo

su traje y su identidad.

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2 comentarios en “Fue la bruja Lavandina

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