Detrás de su nuca

ilustrado por Silvana Benaghi, Billiken 4855

ilustrado por Silvana Benaghi, Billiken 4855

 

Parque Alegría S.A.

Calle de la Ánimas 653,

Ciudad del Santo Espíritu, Brasil.

28 de noviembre de 2009

De mi mayor consideración:

Me dirijo a usted a fin de solicitarle que tenga a bien revisar mis antecedentes laborales para evaluar la posibilidad de contratarme  en su Parque de Entretenimiento.

Como podrá observar en el Currículum Vitae que adjunto a la presente, tengo vasta experiencia asustando a los demás y cuento con las herramientas necesarias para llevar adelante esta difícil tarea. Por ello, considero oportuno postularme para el Juego “La casa del terror” cuya construcción se ha dispuesto ─curiosamente─ sobre mi morada.

Le ruego también que tenga presente que en este sitio he vivido (bueno, usted me entiende, esto de “he vivido” es un decir) los últimos diez años sin importunar a ningún vecino (a excepción, por supuesto, de algún intruso que se metiera en mi casa).  No obstante mi buen comportamiento, usted no tuvo ningún reparo en tirar abajo mi hogar y contrató, para colmo, a un obrero sordo como una tapia para conducir el vehículo que llevó adelante la tarea: el hombre ni se inmutó con mis pavorosos quejidos y la demolió igual. Sigue leyendo

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Carta reveladora

Junín, 18 de abril de 2011

Mi preciosa Tatiana:

Como prometí, te escribo para contarte la historia de Anastasia. No la que se publicó en los diarios, sobre la que se escribieron libros y se filmaron películas, sino la otra. La verdadera. La que mi abuela me contó a mí. La que espero que algún día le cuentes a tus nietos.

La noche que fusilaron al zar y su familia no fue distinta a otras. Hacía ya mucho que estaban prisioneros pero nunca los habían despertado así, de madrugada.  “¡Vamos, al sótano!”, les dijeron. Llegaron a ver un pelotón. Un fogonazo. En medio del tiroteo Anastasia pudo ocultarse. Vio cómo un soldado contaba los cadáveres dos veces: el zar. La zarina. El pequeño Alexis. Olga. María. Tatiana. ¿Y Anastasia? ¿Dónde está Anastasia? Y entonces sin mirar atrás, la princesa escapó.

En diciembre de 1919, llegó al Puerto de Bremen. Se embarcó en el Hannover, una nave enorme, con el falso nombre de Rosalyn Hoffman y emprendió su viaje a Buenos Aires. Cuando vengas a verme te mostraré todo: el boleto del barco; algunas fotos de la familia que mi abuela (oh, sí, Anastasia era mi abuela) logró ocultar en su vestido la noche del asesinato (de ella con Alexis, de María y Olga en el salón, del zar y la zarina en los jardines de invierno) y el collar de zafiros que le salvó la vida. La bala que iba al corazón quedó incrustada allí. Ya verás tú misma la piedra dañada.

Habrás escuchado que muchas mujeres reclamaron el trono. ¡Falsas Anastasias, todas! La única legítima decidió no hacerlo ¿Qué podía decir? ¿Que estaba bien aquí, en un lejano país americano, viviendo pobremente? ¿Que se había enamorado de un simple zapatero andaluz?  La tragedia la volvió más sabia: no necesitaba un imperio para ser feliz. Y calló.

Espero que siempre recuerdes eso, mi pequeña princesa (y no es esta solo una forma cariñosa de llamarte: por tus venas corre sangre Románov). Sé que guardarás nuestro secreto. Un secreto que ya lleva casi un siglo en la familia Hoffman.

Que la vida te bendiga y Dios te proteja siempre.

Tu abuela Olga