Y a quién le importa

Qué bien que lo contás, Fontanarrosa.

Qué bien que lo contás, Fontanarrosa.

La visita que llegó sin avisar

La charla postergada

íntima, profunda

y esperada

espontánea y por eso

también inesperada

No el monólogo de aquel

que se mira al espejo

y habla de su ombligo

Digo yo, decís vos

y las voces se enredan

atendiendo a la pausa

que marca la cebada. Sigue leyendo