La bella durmiente (conectada)

Había una vez un cuento que no dejaba de contarse. Se escuchaba en las casas familiares, en los palacios, en la aldea, en el mercado, en la montaña y en el mar. Y hasta cruzó continentes y atravesó los siglos para que yo pudiera contártelo hoy. De un modo un poco diferente, claro, porque los cuentos tienen que modernizarse. De otra forma los personajes se pondrían en huelga. Y lo que es más importante: tendrían razón. ¿O es justo que vos tengas un gps en el teléfono y el pobre Hansel tenga que marcar su recorrido con miguitas de pan?

En fin: el personaje de esta historia ya lo conocés bastante. El cuento te lo contaron mil veces y hasta seguro viste la película. Pero mi versión, te prometo, es un poco más novedosa.  Es una versión 2.0, últimísima y moderna, casi tanto como vos. Y viene a reivindicar fundamente tres cosas. La primera, que Maléfica no es tan mala. La segunda, que el príncipe valiente no es tan valiente. Y la tercera, que la bella durmiente está menos dormida de lo que parece.

Pero vamos por partes. Para empezar, hay que aclarar que la pobre Maléfica no fue culpable de la maldición. Es así desde tiempos inmemoriales: la gente tiende a señalar a quien suele equivocarse más seguido, y rara vez se preocupa por averiguar la verdad. Si alguien lo hubiera hecho en este caso, el cuento conocido sería otro. Precisamente, el que te estoy contando acá:

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Está claro que la bella durmiente no le dio bolilla a la cadena. En otras palabras: ella misma se echó la maldición. Pero no fue responsable del tiempo que duró el castigo. De eso hay que culparlo al príncipe valiente, que (según parece) no tenía mucho sentido de la orientación. Sigue leyendo

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