¡Otra que Hamelín!


Sospecho lo que ha pasado
en mi querida ciudad:
el flautista ha hipnotizado
a los niños ¡qué impiedad!

Seguro que el intendente
no le ha querido pagar
por los servicios prestados
y él se ha querido vengar.

Así son los soberanos
de cualquier tiempo y lugar
Siempre pensando en sí mismos
¡Y a reventar, los demás!

Aunque está claro, el flautista
se tuvo que actualizar:
La flauta para este siglo
¡es toda una antigüedad!

Y ahora los pobres niños
como hechizados están:
no hablan, no interactúan
¿y quién los irá a salvar?

¿Qué antídoto poderoso
tendremos que preparar
para lograr que despierten
y suelten su celular?

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Un hogar inusual

Al hada la encontré fácil
(es bastante llamativa)
Pero esconderla fue el reto
más difícil de mi vida.

A la casa de muñecas
ni siquiera quiso entrar
aunque en medio de la sala
metí un frondoso bonsái.

En el balcón, ni pensarlo
¡Qué doloroso destino
si la agarra distraída
el gato de mi vecino!

Adentro del costurero
al fin, le encontré un hogar:
le encanta coser y duerme
metidita en un dedal.

Sueño de loro

En la tienda de mascotas
espera el loro Imanol
y sueña con que lo adopte
algún pirata español.

Repetir: “¡Filibusteros!
¡Queremos piezas de a ocho!”
desde el hombro de su amo
mientras se come un bizcocho.

Ver flameando la bandera
atada al palo mayor
con su blanca calavera
¡Qué magnífica visión!

Buscar una isla desierta
desenterrar un tesoro
vivir muchas aventuras
¡Ser libre, por sobre todo!

¿Dónde está la sirena?

Imagen-22

Ilustración de Pablo Pino para el libro Cambio de idea, que publicamos en coautoría, Riderchail, 2016.

La busqué por todos lados
y no la pude encontrar
Ni siquiera en Villa Gesell
¡Y estuve adentro del mar!

En mi pueblo, que no hay playa
me conformé con buscar
en la fuente de la plaza
que está en la calle central.

No la encontré en la pileta,
que estaba medio vacía.
Tampoco en el bebedero
que pusieron en la esquina

¿En donde se habrá metido
la sirena de mis cuentos?
¿será que vive en la lluvia
y por eso no la encuentro?

¡Libre soy!

Como la reina de Arendelle, me siento libre. Ya vencido el plazo que estipulaba el contrato, y otra vez con los derechos exclusivos en mi poder, me doy el gusto de compartir un libro que me dio muchas satisfacciones y que volvería a publicar solo por el nudo en la panza que sentí cuando me citaron a hacer la corrección de galeras. Ese día supe con total certeza cuál iba a ser mi camino: escribir no era un pasatiempo, era mi elección de vida. Después de Pequeña Aldea, me animé a mandar mis textos a otras editoriales. Y fue cuando empecé a publicar “de verdad”.

La manzana de Blancanieves pasa en, este emotivo acto, a ser un libro “descatalogado”. Y de algún modo no sé por qué (¿será el gusto de la libertad?) yo me siento feliz. Será porque decidí que, al menos así como está, no volvería a publicarlo. O porque no está mal cambiar los escenarios. Alguna vez tuvo su vidriera (¡Sí, en la Boutique del Libro de Unicenter!) y ahora me gustaría que circule libremente por la web. Sin autorizaciones y sin contratos, mientras no haya fines de lucro (aclaro). Y si los hubiera, mándenme un mensaje privado. Que todo en esta vida se soluciona hablando.

 

Colorín colorado

Y Colorín colorado…
estos cuentos enrimados
ya se van a descansar.
Y colorín colorete…

¿Quién será el nuevo jinete
que se ponga a cabalgar?
Pues los cuentos infinitos,
como saben, nunca duermen.

Sólo esperan que alguien quiera
volverlos a despertar…
¿Quién de todos los oyentes
será el príncipe valiente
que se atreva al desafío
de volverlos a inventar?

 

¡No hay derecho!

Sube que te sube
troncos sujetando
nubes traspasando.
¡Pobre Periquín!

Trepa que te trepa
cielo atravesando
va como volando.
¡Pobre Periquín!

Anda que te anda
ramas escalando
ángeles pasando
¡Pobre Periquín!

Todo para el cuento
célebre y famoso
que aunque sigue hermoso.
¡No es de Periquín!

A las habichuelas
sí las respetaron,
y al gigante malo
¡bello porvenir!

Al que escala, en cambio,
nombre le cambiaron
Jack lo bautizaron.
¡Pobre Periquín!

La lámpara más más brillosa

lampara-de-aladino

http://www.pericadibuja.blogspot.com

Nunca nadie ha detenido
en la madre la atención,
¿no recuerdan cómo ha sido
que aquel genio despertó?
Fue la madre de Aladino,
que aquel día la lustró,
pues pensó que más limpita
le hallaría comprador…
Hete aquí que al repasarla
aquel fiero efrit salió,
se expandió, malhumorado
y la pobre no lo vio…
—Soy tu esclavo ¿qué deseas?
—el gigante preguntó.
Mas la anciana no contesta,
¡está sorda!, digo yo.

y ella sigue refregando
¡y qué lustre que le dio!
No es del susto que cayera
como muerta.
¡No, no, no!
Es que estaba muy cansada
ya de tanto franelear.
Solo quiso hacer la siesta
¡qué se iba a desmayar!