Del otro lado del mundo

Del otro lado del mundo,
con su túnica de seda
Aiko espera el nuevo año
con perfume a primavera.

Con grandes letras doradas,
Ha escrito con mano experta
mensajes de amor y dicha
sobre ventanas y puertas.

Ha puesto, con sus vecinos,
banderines y siluetas
que van pintando de rojo
cada rincón de la aldea.

Ya todo está preparado
para el baile del dragón:
El gran desfile se acerca
¡comienza la tradición!

Después el cielo se enciende
de fuegos artificiales
que Aiko verá, feliz,
rodeada de familiares.

Al fin, bajo la luz tenue
y cálida de un farol
comparten licor de frutas
Y pastelitos de arroz.

En tus manos (acróstico)

Esas acciones chiquitas
Las que a veces no se notan

Provocan cambios que afectan
Las cosas que más importan
Algunas son pan comido
No tan sencillas son otras
En todas hay desafíos
Tratá, probá ¡Tomá nota!
Al ave, dejala libre

Es su destino volar
Si querés tener mascota
Te dejo solo un consejo:
Adoptá (en vez de comprar)

Evitá ensuciar las aguas
No importa si es río o mar

Todos los peces merecen
Un hogar, no un basural
Sembrá un árbol, protegelo

Moderate y apagá
Aquellas luces que a veces
No precisás usar.
Ocupate y no te olvides:
¡Sos parte de este lugar!

Un misterio familiar

Hay un misterio en mi familia
que no podemos descifrar.
Ni la propia tía Elvira
nos lo ha podido explicar.

Si está en la pista de baile,
mi tía Elvira es un queso:
La pobre se paraliza
y no te mueve ni un hueso.

Pero si ríe… ¡Qué cosa!
Comienza la conversión,
no solo mueve su boca
¡Se pone el cuerpo en acción!

La primera carcajada
le hace temblar la barbilla
y el movimiento desciende,
con ritmo, hasta la rodilla.

Estira un brazo y el otro
repite ese movimiento.
Sus pies marcan el compás
con innegable talento.

Tenemos una certeza
en medio de tanta intriga:
Cuando mi tía se ríe
es muy buena bailarina.  

Abuelo cuentacuentos

En el refugio del barrio
hay un perro muy viejito
que ladra cuentos variados
a todos los cachorritos.

Hoy ladró uno de aventuras
sobre una pequeña rata
que rescataba a su prima
de una banda de piratas

También un cuento de amor
de una foca y un pingüino
que adoptaban tres delfines
tras un viaje submarino.

El de terror asustaba:
En lo profundo de un río
a un pato lo visitaba
el fantasma de su tío.

Y el mejor, de detectives
de una familia de iguanas
que investigaban el crimen
de una de sus hermanas.

Y así los tuvo extasiados
A los cachorros, atentos
Yo sospecho que este perro
Es abuelo cuentacuentos.

Mi familia

Mi tío abuelo es muy alto.
Mi abuelo Quique, gritón.
La tía Estela es coqueta
y mi papá muy pintón.

Mi hermano Renzo es un genio
tocando la batería.
Pero cantando es un queso
(en eso es mejor mi prima).

De mi madrastra, me gustan
sus budines de limón
Y de su hija, los cuentos
que me lee en camisón.

De mi mamá no me acuerdo.
Pero adoro la sonrisa
que repite en cada foto
de esas que hay en la repisa.

Mi abuela dice que todos
son una parte de mí:
Los que están, los que se fueron
y los que faltan venir.

Lo importante es que te quieran
Y que vos quieras también.
Es eso tener familia
¡Y no importa quién es quién!

En tiempos de la Colonia

Dominga saca agua clara
del gran aljibe del patio,
el niño Alfonso patea
una pelota de trapo.

Su hermano Luis juega solo
con un enorme balero.
con soldaditos de plomo
se entretienen los gemelos.

Antonio eleva contento
un precioso barrilete
lo ayuda con esa hazaña
el mayor, de diecisiete.

De la ventana, los mira
La más pequeña, Beatriz
Que acuna a su muñequita
De cáscara de maíz.

Cuando a la tarde los siete
Juegan a la rayuela
Dominga les sirve un poco
De arroz con leche y canela.

El festejo

“Dominga, ¿cómo va el locro?”
pregunta Doña Manuela
La negra dice: “Ya casi,
prontito estará la cena”.

Se va sintiendo el festejo:
La patria entera celebra.
Un señorito se abraza
con otro que vende velas.

Dominga encendió faroles
Temprano puso la mesa
y los cubiertos de plata
y la vajilla francesa.

Los invitados, vestidos
de tan distintas maneras:
se ven trenzas y peinetas
se ven ponchos y galeras.

Resuenan vals y cielitos,
pericones y minués.
Y cuando escucha el candombe,
Dominga mueve los pies.

“¡Negrita, ya somos libres!”,
le dice el niño Joaquín.
Y ella pregunta, bajito:
“¿Y cuándo me toca a mí?”