Cuestión de fe

Scan0002

Quiero contarte un secreto
Bajito.
Que los adultos no escuchen,
por favor.
Pero sí: yo siempre creo
¿Cómo podría escribir, si no?
¿Cómo tolerar el mundo si no hay magia?
¿Cómo llegar a la verdad
sin ilusión?
Yo creo porque sí
Sin más razones.
Es un acto de fe
la creación.

Anuncios

Brujas

DNILufrente

Culpables, maltratadas

horribles y malvadas,

temidas, señaladas,

juzgadas, torturadas,

Inmensas, peligrosas

Letales, poderosas

Traidoras, seductoras

Crueles, mentirosas

Expertas curadoras

Tan sabias, tan lectoras

Tenaces, resistentes

Osadas y valientes

Tan solas, tan aisladas

Tan libres, tan odiadas

¿Diabólicas o santas?

¿Malditas? ¿Visionarias?

¿Piadosas o Inclementes?

Mujeres diferentes.

Cuando me soltó el miedo

tumblr_mxypu5z1pT1sm2ncgo1_1280

Ilustración de David Gracía Forés: http://untipoilustrado.tumblr.com

Yo con la oscuridad me equivoqué. Pensé que íbamos a ser enemigos enemiguísimos por el resto de la eternidad, que yo iba a llegar a viejo teniéndole miedo y que jamás (¡jamás!) íbamos a hacer las paces.

Dar un paso en la oscuridad, para mí era exactamente igual que cruzar la avenida sin mirar, que nadar en un estanque lleno de cocodrilos o andar sin manos en la bici sobre una calle de asfalto.  En fin: una de las acciones más riesgosas y temerarias del planeta.  Y me hubiera seguido sintiendo así, si no fuera por mi abuelo, los chinos y la empresa de luz eléctrica.

Lo que ocurrió aquella noche fue más o menos mágico. No mágico en serio, porque nadie me apuntó con una varita ni me tomé ninguna pócima milenaria para volverme súper valiente. Lo que digo es que fue mágico de algún  modo, porque el miedo se terminó. Así de repente y sin que yo me diera cuenta de nada. Como si alguien hubiera dicho ¡Abracadabra! Así de fácil el miedo me dejó.

El abuelo me había invitado a dormir a su casa, y ningún plan me hubiera parecido mejor que ese.  Ir a dormir a la casa del abuelo, significaba una noche de pizza, truco y gaseosa. ¿Qué felicidad mayor puede existir?

Yo acababa de cantar Quiero retruco, cuando se cortó la luz. No era poca cosa que se cortara la luz en lo de mi abuelo, porque mi abuelo vive en un quinto piso. Si me daba miedo la oscuridad en la planta baja, hay que ver lo que sentí en ese momento. Era un miedo quintuplicado, un miedo que iba subiendo uno, dos, tres, cuatro, cinco pisos. Que iba devorando los muebles, las paredes,  el suelo que estaba debajo de nuestros pies.

Escuché cómo el abuelo corrió la silla. Los pocos pasos que dio hasta la cocina, el cajón que se abría. Un ruido a movimiento de bolsa  y el chasquido del fósforo, por fin.

Cuando la luz chiquitita se prendió en la vela el miedo empezó a soltarme un poco. Pero solo un poco.

—Mirá la pared —dijo el abuelo.

La sombra caricaturesca  que formaban sus manos me hizo soltar una carcajada.

–¡Parece un lobo! —grité.

Junté las dos manos para imitarlo. Separé los pulgares, como él, y aparecieron de pronto dos orejas. La boca se formó con los otros dedos: el meñique y el anular por un lado, el mayor y el índice por el otro.

—¡Se llaman sombras chinas! —me explicó el abuelo.

Y entonces fue cuando el miedo me soltó del todo.

Espantapájaros

scarecrow

Tengo que torcer tu itinerario
dirigir tu vuelo hacia otras tierras
que estén lejos, muy lejos,
de aquí.
Tengo que imponer respeto
y asustarte tanto que te pierdas
de tu propio instinto
de tu esencia
que es tu libertad
de ir o venir.
Tengo que alejarte, y no…
¡No quiero hacerlo!
Porque me siento solo si no estás
y es agradable tu calor
sobre mi hombro.
Porque me gusta ser
como yo soy,
No como me digan otros.

Héroes de Malvinas

soldaMalvi

Tenía una lata
con soldaditos
y yo jugaba.
Eran mis héroes
en una guerra
que era tan justa
que era tan nuestra
tan necesaria.

Y un día yo ya era grande
¿yo ya era grande?
llegó una carta:
me calcé el casco,
los borceguíes
y fui a la carga.
Manipularon mis movimientos
mis convicciones
mis esperanzas
y fui coraje,
patria
heroísmo
¿O bufonada?

Fui sobre todo
el soldadito
con que jugaban,
el instrumento
manso,
inconsciente
que camuflaba
sus desaciertos,
sus atropellos,
sus salvajadas
en una guerra
que no fue justa,
que no fue nuestra
ni necesaria.

 

 

La bella durmiente (conectada)

Había una vez un cuento que no dejaba de contarse. Se escuchaba en las casas familiares, en los palacios, en la aldea, en el mercado, en la montaña y en el mar. Y hasta cruzó continentes y atravesó los siglos para que yo pudiera contártelo hoy. De un modo un poco diferente, claro, porque los cuentos tienen que modernizarse. De otra forma los personajes se pondrían en huelga. Y lo que es más importante: tendrían razón. ¿O es justo que vos tengas un gps en el teléfono y el pobre Hansel tenga que marcar su recorrido con miguitas de pan?

En fin: el personaje de esta historia ya lo conocés bastante. El cuento te lo contaron mil veces y hasta seguro viste la película. Pero mi versión, te prometo, es un poco más novedosa.  Es una versión 2.0, últimísima y moderna, casi tanto como vos. Y viene a reivindicar fundamente tres cosas. La primera, que Maléfica no es tan mala. La segunda, que el príncipe valiente no es tan valiente. Y la tercera, que la bella durmiente está menos dormida de lo que parece.

Pero vamos por partes. Para empezar, hay que aclarar que la pobre Maléfica no fue culpable de la maldición. Es así desde tiempos inmemoriales: la gente tiende a señalar a quien suele equivocarse más seguido, y rara vez se preocupa por averiguar la verdad. Si alguien lo hubiera hecho en este caso, el cuento conocido sería otro. Precisamente, el que te estoy contando acá:

whatsapp_1

Está claro que la bella durmiente no le dio bolilla a la cadena. En otras palabras: ella misma se echó la maldición. Pero no fue responsable del tiempo que duró el castigo. De eso hay que culparlo al príncipe valiente, que (según parece) no tenía mucho sentido de la orientación. Sigue leyendo

¿Será…?

pensador

¿Será que por un misterio cósmico
(un eclipse lunar, una constelación
una descarga extraña de energía)
las estatuas del mundo cobran vida?

¿que la gran Esfinge avanza
por el desierto de Guiza,
que deambula la Libertad
por Central Park
luminosa y sin prisa
y en Florencia el David
muy orondo camina?

¿Será que en Buenos Aires
el prodigio termina?
Colón le ceba un mate y Azurduy,
ya sin rencor, lo mira.

¿Será que las estatuas despiertan del error
y aprenden lo que el hombre no podría?