Fragmento de ¡TENGO UN ZOMBIE! (Letra Impresa, 2015)

Ilustraciones de Maine Díaz

                                                                   Ilustraciones de Maine Díaz

 

Capítulo 1: Más bueno que la leche de alpiste

¡Está bien, Camila! Te cuento la verdad desde el principio. Pero por favor no grites, que lo vas a asustar. Yo sé que, en teoría, es espeluznante. Pero eso es culpa de la tele y, lo reconozco, también de los videojuegos. ¡Con lo que a mí me gustan los videojuegos!

Aunque (ahora lo sé) es completamente cierto lo que dice mi mamá: una cosa es la realidad y otra muy distinta lo que pasa adentro de la pantalla.

“¡No podés vivir desconectado del mundo que te rodea, Bauti!”. ¿Sabés las veces que la escuché a mi mamá decir eso? Y yo, al principio, mucho no lo entendía. Me apagaba la Play y empezaba con lo del aire libre y los deportes y eso de so-cia-li-zar. Así, separado en sílabas, como si por eso yo entendiera mejor lo que quiere decir la palabra: so-cia-li-zar.

¿Por qué pensás que me anotó en básquet? Y (vos sabés) yo era un verdadero desastre.  Y cuando digo desastre, es desastre-desastre. ¡No podía ni picar la pelota! Y como encima ustedes me miraban con desconfianza (no me digas que no), yo me equivocaba más. ¡Si no hacían otra cosa que reírse de mí! Y, claro, eso me ponía peor. Me temblaban las manos y pensaba que todos ustedes tenían razón, que yo era un desastre total y era mejor que me fuera a mi casa a jugar a la Play porque en eso sí era bueno. Y entonces, obvio, cada vez que intentaba encestar la pelota, la mandaba para cualquier lado.

–Hay que concentrarse más, Bautista –me decía, encima, tu papá. ¡Como si fuera fácil! Con todos los ojos mirándome, y las risas y los murmullos que llenaban todo el estadio.

Mirá, si me preguntabas hace un mes, ni loco me imaginaba que iba a terminar siendo el capitán del equipo. ¡El capitán! A veces todavía ni yo mismo me lo creo. Así que no te culpo por haber sospechado.

Pero ¿sabés? Todo se lo debo a Ojos. Porque es como te digo: parece espeluznante, pero nunca en mi vida tuve un amigo mejor. Por eso tenés que prometerme que no vas a contarle a nadie. Pero a nadie, a nadie, a nadie, ¿entendés?

¿Te imaginás si se entera algún grande? ¡Vamos a terminar en la tele! Y lo peor: se lo van a llevar. Capaz que lo descuartizan para hacer experimentos. ¡Y cualquier cosa, menos eso! Porque Ojos no sabe defenderse solo. Si por lo menos ladrara como Coki. Pero lo más que sabe decir es Aaagh. Te mira con esos ojos llenos de sangre que tiene, con los cachetes caídos y la boca así, siempre abierta y babeando, y  te deja hacer lo que quieras con él ¡Es más bueno que la leche de alpiste, te juro! Y mirá que la leche de alpiste, para mi tía Leila (que es profesora de yoga, naturista y vegetariana) es lo mejor que existe en todo el planeta Tierra.

 

Capítulo 2: Como una película de terror

De Bautista me esperaba cualquier cosa, menos lo que me contó. ¡Yo sabía que había algo raro! Si cuando llegó al club, era malísimo jugando. Aunque yo no me reía como los demás. Será porque al principio a mí también me cargaron. Y es recontra feo eso. Ya bastante horrible es llegar a un lugar donde nadie te conoce como para tener que soportar, encima, la burla de los demás. Y eso que fui buena desde el principio. Está bien: yo tengo ventaja. Mi papá jugó en primera división un montón de años, y ahora es el entrenador del club. Digamos que crecí picando la pelota. Ese no fue el problema para mí. El problema fueron los demás: Sigue leyendo

Anuncios

La cicatriz

mano en tumba

Mis primos antes vivían enfrente al cementerio. No un cementerio de paredes altísimas, bóvedas polvorientas, lápidas con verdín y rosas marchitas en los floreros. No, el cementerio que estaba frente a su casa no se parecía a esos que se ven en las películas de terror.

Era un cementerio parque; con el pasto recién cortado, flores en los canteros y un montón de árboles hermosos.

Hasta aquel día, a mí nunca me había resultado aterrador. Tal vez porque el mangrullo de ladrillo con techo de tejas que estaba justo en la entrada me hacía acordar a esas casas lujosas rodeadas de pinares que hay en algunos barrios de la costa Atlántica.

O tal vez porque antes las historias de terror me parecían tan improbables como los cuentos de hadas.            Antes, cuando yo no sabía lo que era el miedo. Cuando aquel cementerio estaba lejos de mis pesadillas y dormir en la casa de mis primos era una  aventura que me gustaba repetir.

Aquel fue el último día que dormí en esa casa. Y por suerte al poco tiempo mis primos se mudaron a otra casa más linda, con un aro de básquet y ningún cementerio enfrente que me recordara que ya no me gustan las historias de miedo. Sigue leyendo

Guerra contra zombies (2.0)

Dead-Island-Xian-Mei-800x1200

Yo no sé cómo hacía mi papá en su época. A veces me lo cuenta y no puedo creerlo. Pelear contra los zombies desde el living de tu casa, haciendo de cuenta que están ahí aunque en realidad lo que tenés es una pantalla de televisor; mover una palanquita para pegar una patada, otra para disparar un arma y así. ¡Un aburrimiento! Como si uno pudiera imaginarse en serio tantas cosas.

Con la play 793 todo es más divertido. Porque vos te metés en serio  adentro del juego. Olvidate de tu tele; de tu living; de tu casa; de tu calle; de tu ciudad; de tu mundo, incluso. Vos te metés ahí, adentro de la pantalla y te enfrentás en serio a una legión de zombies. ¡Eso sí es un juego!

Llegás a la isla de Bonoi, con sus arenas blancas y su agua cristalina, te metés en el Royal Palm Resort y agarrate. Papá dice que en su época este juego ya existía, pero no podés comparar: ahora, si no le pegás a tiempo, el zombie te puede comer el cerebro en serio.  Pero tranquilo: cualquier amigo te rescata. Porque te morís en el mundo virtual, pero una vez que atravesás la pantalla ya no tenés heridas ni lesiones de ningún tipo. Eso sí: olvidate de volver a jugar, porque dentro de ese juego ya estás muerto y no hay vuelta atrás. La muerte no perdona, ni siquiera en el mundo virtual. Sigue leyendo

¿Irresponsable, yo?

images (2)

No voy a mentirles: es complicado. Está bien, es cierto que parecen espeluznantes al principio; pero, después, apenas comenzás a tratarlos, te das cuenta de que son inofensivos. Y no lo digo solo por Ojos. Lo digo por Ojos y por los demás. Porque el otro día cruzamos al cementerio y me presentó a sus amigos. ¡Son iguales a él! Tranquilos, callados, súper pacíficos. Si no fuera porque ya me da bastante trabajo esconder a uno, me traería a casa por lo menos a un par más.

Pero esto no es algo que pueda entender mamá, por supuesto. Yo podría hablarle de Ojos para prepararla un poco. Contarle que es un buen amigo, que el otro día me ayudó a estudiar para Naturales: no cualquiera tiene un cuerpo humano para desarmar en vivo y en directo, lo que para entender cómo funciona el sistema digestivo resulta claramente mucho más útil que el diagrama que dibujó la seño en el pizarrón. Sigue leyendo